OPINIóN
Actualizado 16/12/2018
Carlos Javier Salgado Fuentes

Esta semana han salido a la luz dos noticias que pueden considerarse bastante negativas para Salamanca, por cuanto suponen, en un caso, la pérdida de recursos propios, y por otro, la constatación de que llevamos una deriva rematadamente mala de cara a afrontar el futuro con garantías.

En primer lugar, una serie de preguntas formuladas en las Cortes autonómicas por el procurador de Unión del Pueblo Leonés (UPL), Luis Mariano Santos, han sacado a la luz la existencia de un proyecto por el cual la Junta de Castilla y León, la Confederación Hidrográfica del Duero y la Diputación de Ávila, pretenden desviar parte del cauce del río Tormes en su sector salmantino, para regar áreas del sur de Valladolid y el norte de Ávila.

Este proyecto vendría justificado por la Confederación Hidrográfica del Duero por el hecho de que, tanto el sur de Valladolid como el norte de Ávila, tendrían sobreexplotados sus recursos hídricos propios, dada la alta intensidad de su actividad agrícola (sí, aunque parezca contradictorio su argumento, es la misma confederación que justificó el derribo de la presa de Yecla aduciendo que había que respetar en la medida de lo posible el cauce natural de los ríos).

Ante esta tesitura, Confederación, Junta y Diputación de Ávila, no han tenido otra ocurrencia que la de querer desviar parte del agua del Tormes a su paso por la provincia de Salamanca, que se iría a regar esas partes de Ávila y Valladolid, así como para recargar de agua humedales actualmente secos en dichas provincias.

Y ante todo ello, uno no puede evitar hacerse una pregunta: ¿Quitar el agua a Salamanca no supone trasladar el problema de un sitio a otro? Porque, si los recursos de agua son los que son, la primera opción sería aprender a utilizarlos de una manera más eficiente en virtud de lo que posea cada zona, antes de meterse en obras muy costosas (21 millones de euros) que suponen, tanto una pérdida de dinero público, como dejar sin solucionar el verdadero problema, que es saber aprovechar con eficiencia los recursos de agua. De lo contrario, seguiremos en el empeño de crear problemas como el que se desató en el mar de Aral, que dejó prácticamente seco dicho mar interior por el desvío de sus aguas para regar los campos de algodones de Uzbekistán.

En este sentido, es una verdadera incógnita cómo podría llegar a afectar al regadío existente en la provincia de Salamanca el desvío de agua desde tierras salmantinas a tierras castellanas, pero todo parece indicar que algún tipo de consecuencia debería acarrear, en perjuicio obviamente de los regantes salmantinos.

Asimismo, no deja de resultar curioso que, ante sus escasos recursos hídricos propios, en la provincia de Valladolid se siga insistiendo en introducir y mantener cultivos de regadío en su territorio, aunque sea a golpe de trasvases desde las provincias vecinas, ya sea como se está proyectando para tomarla desde Salamanca, o como se lleva haciendo desde hace años tomando el agua del embalse de Riaño, en León, que desvía buena parte de sus aguas para los regadíos de Palencia y Valladolid.

Por otro lado, esta semana el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha sacado a la luz los datos provisionales del padrón a 1 de julio por provincias, que muestran una pérdida de casi 5.000 habitantes por parte de la Región Leonesa en los seis primeros meses del año, siendo León (-2.352), Zamora (-1.337) y Salamanca (-873) las provincias que más población han perdido de la autonomía, habiendo sufrido la Región Leonesa el 60% de la despoblación de la comunidad en la primera mitad del año.

Asimismo, esta semana también se han conocido las estadísticas sobre crecimiento vegetativo (esto es, el resultado de restar a los nacimientos el número de defunciones) en España, resultando que, dentro de la comunidad de Castilla y León, los peores datos los han registrado también las provincias de León (-1.998), Salamanca (-1.043) y Zamora (-999), que agrupan más de la mitad del crecimiento vegetativo de toda la autonomía, siendo la deriva de las tres provincias del antiguo Reino de León cada vez más preocupante.

Todo ello quizá debe llevarnos a reflexionar sobre hacia dónde va la provincia de Salamanca, hacia dónde encaminamos nuestro futuro, y si no deberíamos replantearnos seriamente la idea de constituir una comunidad autónoma junto a Zamora y León que nos pueda hacer afrontar a estas tres provincias los graves problemas conjuntos que sufrimos y que, a la vista de los datos, la autonomía conjunta de Castilla y León no está sabiendo ni afrontar ni resolver.

Asimismo, hemos de reflexionar sobre nuestras relaciones con los territorios que bordean a Salamanca, y en este sentido, por qué nos empeñamos en permanecer en una autonomía que parece querer torpedear que tengamos una relación más estrecha con Portugal y Extremadura. Y es que, mientras sigamos sin abrirnos a portugueses y extremeños, poco futuro tendremos.

Por ello, creo que hace falta recuperar el ferrocarril de la Vía de la Plata que nos unía con Extremadura y Andalucía al sur y Asturias al norte, pero también construir puentes hacia Portugal (como el solicitado en Masueco), que aminoren la distancia de aislamiento entre ambas orillas del Duero, hecho que debería darse también entre las orillas zamorana y salmantina del Tormes, con en torno a 40 kilómetros sin paso entre Ledesma y la presa de Almendra. En este sentido, por ahora, solo tenemos el inexplicable rechazo de la Junta a estas posibles conexiones, que facilitarían las relaciones Portugal-Salamanca y Zamora-Salamanca.

No obstante, mientras el grueso de los salmantinos sigan considerando el futuro de la provincia como algo secundario, seguiremos avocados a un futuro cada vez más negro, con cada vez menos juventud y una población más envejecida, con un medio rural cada vez más vacío, y enterrando las posibilidades de futuro de la tierra en la que salieron adelante nuestros antepasados. Si queremos un futuro digno para Salamanca, ya va siendo hora de que demos un golpe encima de la mesa para reclamarlo.

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