OPINIóN
Actualizado 18/08/2018
Manuel Lamas

Antes que la palabra, existió el lenguaje; fue primero el amor, que su efecto sobre los corazones. Somos hijos de un Orden Superior proyectados sobre la materia. Siendo así, nacemos para lo mejor. Libres, abrimos nuestros ojos; puros, llegamos al mundo para convertirnos en regentes honrados, capaces de salvaguardar el orden natural, y defender la igualdad entre personas. Pero, al poco tiempo de nacer, nos convertimos en nido de arbitrariedades donde incuban, sin oposición, el egoísmo y la pereza. Y todo aquello que no alcanzamos con el esfuerzo, lo obtenemos por otros medios. Entonces, ¿para qué sirven las alas de libertad que nos otorga la inteligencia?

Manuel Lamas (del libro Verbo y Barro)

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