OPINIóN
Actualizado 14/08/2018
Daniel Prieto

Las tertulias de verano con familiares y amigos es la ocasión ideal para recordar viejos tiempos, y con la llegada de Rosa María Mateo al cargo de administradora de RTVE, quienes conocimos al Ente desde los comienzos no podemos evitar que un puntito de añ

La televisión en su nacimiento reunió en torno a sí a unos profesionales que se reinventaron a sí mismo y a la vez supieron disimular que tenían en sus manos Una y Grande vía de comunicación, pero no Libre, sino intervenida por los poderes del momento.

Sin embargo, si existe algo difícil de ocultar es el talento. Y aquella televisión que hizo la travesía desde la Dictadura hasta la Transición y la Democracia -nace oficialmente en 1956- derrochaba talento por todas partes, ya fuera en el teatro, musicales, concursos, festivales de la canción, cine, telefilms (hoy series), etc.

Como si se tratara de un programa de aquel "Un, dos, tres" de Chicho Ibáñez Serrador, en nuestra tertulia veraniega comienzan a aparecer nombres como una regresión al oráculo.

Quién de mediana edad o mayores o menores no ha oído hablar de José Antonio Plaza o de Jesús Hermida por sus crónicas desde el Reino Unido y Nueva York, respectivamente; quién no ha oído hablar de presentadores de televisión o eventos varios como Iñaki Gabilondo, los Matías Prats padre e hijo, José María Íñigo, José Luis Uribarri, José Luis Pecker, Marisa Medina, Pilar Cañada, Rosa María Sardá, Mercedes Milá o la propia Rosa María Mateo; o de grandes guionistas y realizadores como el reseñado Chicho o Antonio Mercero; o de presentadores de espectáculos como Joaquín Prat o Laurita Valenzuela; y actrices como Concha Velasco o las Gutiérrez Caba, etc.

Pero en esto de los nombres, cuando los traigo al papel, soy consciente de olvidar a otros no menos importantes -¡y los que injustamente quedan fuera!- como "el hombre del tiempo", Mariano Medina, o su pareja de profesión Eugenio Martín Rubio, que con los escasos medios de la época, anécdotas aparte, como cuando este último apostó el bigote y lo perdió por la predicción de que al día siguiente llovería en Madrid, sus aciertos fueron sobresalientes y de una gran ayuda para los hombres del campo.

Y faltaría más que no nos pronunciáramos sobre los programas para niños, y en la cabeza de todos ellos los Gaby, Fofó y Miliky como "Los payasos de la tele". Y entre niños y mayores, programas para todos fueron los de Félix Rodríguez de la Fuente y Miguel De la Quadra Salcedo, dos tipos intrépidos y geniales.

Hemos de acabar y sería interminable nuestro artículo si nos referimos a esos creativos que estaban detrás de la pantalla como Gustavo Pérez-Puig, Fernando Navarrete, etc.

Hoy disfrutamos de televisión a la carta. Impensable en aquella época. Un lujo el poder realizar nuestro propio menú, pero aquella televisión que comenzó en blanco y negro a veces reunía en torno a ella a veinte millones de personas que al día siguiente era lo menos parecido a una torre de Babel: todos habíamos visto lo mismo y todos hablábamos el mismo idioma televisivo.

Con lo expuesto, no queremos decir que aquella televisión no tuviera sus críticas. Fue una época en la que parecía que el aparatito monopolizaría el espectáculo y dejaría vacío cines y teatros.

Y así fue con los partidos de fútbol, corridas de toros o cuando echaron los ciclos de películas de los grandes ídolos como Humphery Bogard, Gary Cooper, Clark Gable o Marylin Monroe. Pero todo quedó en manos del progreso y de él vino la regulación para que cada espectáculo tuviera su espacio.

¡Entrañable! Difícil lo tiene Rosa María Mateo o quien le sustituya en los próximos meses si quiere reunir un plantel como aquel o parecido.

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