OPINIóN
Actualizado 14/07/2018
Fructuoso Mangas

Un berenjenal es lógicamente un campo de berenjenas, que por la forma y por las espinas que tiene la planta es de fácil acceso y de muy difícil salida sin heridas ni rasguños. Dicho sea para justificar el título por lo que luego vendrá.

Más que opiniones quiero manifestar mi desconcierto. Y no sé formular con exactitud los criterios morales y sociales que en este campo que abordo habría que tener en cuenta. Tampoco estoy seguro de que al escribir esto no me esté metiendo en un berenjenal de donde no sepa luego cómo salir. Me refiero a un fenómeno relativamente nuevo, en alza y que amenaza con ocuparlo todo.

Estoy hablando de esa especie de afán moralizante, más que de conciencia moral creo, que ahora se ha impuesto en casi todo, pero sobre todo en algunos campos de la conducta y de la convivencia social y que por su contundencia y su extremosidad parece de otros tiempos felizmente pasados. Aparece como un ataque de honestidad a quemarropa, "un ataque de rectitud" lo llamaba hace poco Javier Marías. Se desarrolla sobre todo en zonas que se hacen muy sensibles para la población en general y desata purismos y purificaciones medio espontáneas o espontáneamente preparadas, aceleradas y engrandecidas. Y se manifiesta sobre todo en la calle, en el grito, en la extremosidad y en la desproporción.

Es un nuevo moralismo que se impone con la contundencia a la que acostumbra desde siglos cuando llega como prurito, ansia de pureza o campaña de redención social. Estos acelerones morales son bien conocidos por la historia y en todas las culturas y religiones, aunque ahora su eclosión y poderío provengan de fuentes no habituales, especialmente desde cierto populismo que se convierte en denunciante del delito, juez de culpabilidades y ejecutor de sentencias. Y no hay apelación posible ni perdón. Tolerancia Cero (sic). Pena máxima. Venganza social sin rebaja y por los siglos. Y más, si falta hiciera.

Y uno que viene medio curado de mareas pasadas de fuertes moralismos, más mal que bien ya superados, ahora se encuentra de bruces con una epidemia (en el sentido etimológico, no profiláctico, de la palabra) de moralina; bien intencionada, claro, como son todas; justa y necesaria, evidentemente, como pensaron todos los censores que existieron; sanadora y saneadora de una sociedad enferma y podrida, por supuesto, como ya dejaron claro todos los moralistas indios, egipcios, griegos, latinos y cristianos de todos los tiempos y lugares. Es una progresía, porque hoy por hoy es de donde vienen sobre todo estas pretensiones redentoras y estos aspavientos morales, que va unida a una desenvoltura sorprendente en otros campos, al menos tan graves, de la humana conducta.

Porque no se puede tocar ni con el dedo a casi nadie a no ser que diga sí claramente, pero si ese prójimo tiene pocas semanas se le puede eliminar sin problema; no puedes airear cómo se torea un toro, pero llenas hasta el borde todos los medios con no sé qué carreras en San Fermín. Se protege con esmero, y bien hecho, a cualquier ave migratoria facilitándole todos los pasos y asentamientos, pero amontonamos a las personas migrantes en especiales almacenes hasta ficharlos y expulsarlos como conviene. La provocación para cualquier extralimitación en cualquier campo de la conducta humana está asentada en todas aceras de nuestro mundo occidental, desde la avaricia por el dinero hasta el placer del cuerpo pasando por el poder a cualquier precio o la manipulación interesada en cualquier negocio que se precie o los intereses del individuo o del grupo por encima del bien común y sobre todo por encima del bien de los otros, de los distintos. Pero ay del que caiga en la provocación equivocada, toda la marea moralizante se abalanzará sobre él y estará perdido sin remedio. Fue torpe y se equivocó de pecado social.

Se acabó aquel enorme desafío de cómo usar tu libertad personal y cómo formar tu conciencia moral, te recortan la autonomía para que no haya un mal paso del que tengas que arrepentirte. Todo es por tu bien y a tu favor y para crear una sociedad redimida y liberada. Se quiebra a golpe de autoritarismo social, que es el peor, la contradictoria y misteriosa, si no divina, variedad de la conducta humana. Quizás se evita el mal gesto, pero a costa de amputar el brazo. Sólo faltaba que te pusieran una señal en el otro brazo para distinguirte? Mamá "grupos sociales de presión" y papá "grupos de dominio y de imposición" evitan que su nene tropiece en nada malo; eso sí, su nene es tonto de remate. Si no resultara de mal gusto diría lo que me viene a la mente al hablar de esto, que es aquello de cómo queda el peligroso e imprevisible novillo una vez convertido en buey tranquilo y pastueño. Pues eso, más o menos. La ideología controla al pueblo como sea.

Con lo que creo que efectivamente, como decía al principio me he metido en un berenjenal del que no sé cómo salir ahora. Porque si a todo esto se añade la diversa capa moral o ética o de preocupación social o como quiera llamarse que se aplica a los distintos casos en los que pueda ser necesaria su aplicación, la desigualdad de trato pone en duda cosas importantes. Por ejemplo, se monta un espectáculo entre alarmista y sensacional en torno a doce chicos atrapados en una cueva con peligro para sus vidas, pero todo el sistema de conmoción moral calla y silencia las docenas de niños que cada semana mueren en el mediterráneo.

Y eso después de que sus familias hayan acordado separarse de ellos para que así tengan más posibilidades de ser recogidos como legales. Es como lo de Trump, pero adrede, como estrategia de supervivencia para los chicos que vienen, que suelen ser los mejores, los más listos y más desenvueltos. Y mueren en el intento y separados de sus padres, que vienen en otra barca como si no se conocieran o que se quedaron en Mali con el corazón en un puño hasta recibir noticia de su hijo.

Pero prácticamente nadie importante y con influencia habla de esto ni los tiene en cuenta. Es una moral deleznable, sin piedad ni justicia. Y convive, si no se asocia, con estas gesticulaciones "conductistas" de penúltima hora que atraviesan nuestro país

Que el Dios de todos y de todo esto tenga misericordia y nos absuelva. Y así acabo.

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