OPINIóN
Actualizado 20/05/2018
Carlos Javier Salgado Fuentes

Esta semana Madrid y Cataluña han renovado sus respectivos presidentes autonómicos. Por razones muy diferentes entre ambos casos, pero con un denominador común: las razones que han llevado a ello son factores que desestabilizan la propia continuidad de España como Estado.

En el caso catalán, el cambio de cara no parece que vaya a suponer solución alguna para el conflicto territorial que impregna a aquella comunidad autónoma (si es que existe quien pueda solucionarlo). Es más, las declaraciones previas de corte supremacista del ya president Torrá auguran que éste será un hueso tan duro de roer para el Estado como su predecesor Carles Puigdemont, si no lo es más.

Asimismo, guiándonos por los gestos, la no invitación a miembros del gobierno español para asistir al acto oficial de investidura deja entrever por dónde van a ir las cosas en la legislatura que inaugura Cataluña, la cual más que probablemente no llegará a agotar los 4 años que a priori debería tener.

Y es que, si por un lado Torrá ya ha dicho que va a seguir por el camino de la desconexión y la independencia, por otro el Gobierno ya ha acordado con PSOE y C's que todo acto en ese sentido supondrá volver a poner el artículo 155 de la Constitución encima de la mesa y, con ello, intervenir la autonomía catalana.

Es decir, que el independentismo catalán cambia las caras de quienes estarán al frente de las instituciones catalanas en esta legislatura, pero más allá de ese cambio de cromos, no se alterarán en absoluto las pretensiones y camino fijado por sus predecesores. Y así ha de entenderse que el primer acto como president de Torrá haya sido visitar en la cárcel a los políticos catalanes presos por mor del proceso soberanista.

Por su parte, la comunidad de Madrid, esa antigua provincia de Castilla la Nueva a la que le regalaron la autonomía sin saberse muy bien por qué, también ha realizado un cambio en su sillón de máximo mandatario.

Así, tras el escándalo del máster de la anterior presidenta, Cristina Cifuentes, por haberse hecho con un máster en base a corruptelas de tráfico de influencias y falsedad documental, esta semana ha sido elegido como sucesor suyo el también popular Ángel Garrido, a quien finalmente avaló Ciudadanos (C's) para alcanzar la presidencia madrileña.

De este modo, parece que las aguas se calmarán en Madrid tras el caso Cifuentes, y el año que queda para las elecciones autonómicas discurrirá con más tranquilidad en la política madrileña que los últimos meses, así como sin demasiados cambios reseñables.

Sin embargo, no se puede decir lo mismo para el caso catalán, donde todo parece encaminarse a un nuevo repunte del conflicto territorial con el equipo de Torrá al frente, y que presumiblemente acabará con una nueva aplicación del 155, con el nuevo gobierno catalán entre rejas y una futura convocatoria de elecciones autonómicas cuya convocatoria será probablemente más dilatada en el tiempo por parte del Gobierno, por aquello de intentar tener todo algo más 'atado'.

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