DEPORTES
Actualizado 08/05/2018

Jorge García nos introduce en la historia de las raquetistas españolas, las Nikés del Siglo XXI

Durante un momento de la historia, coincidente con el dominio de la cultura griega, una diosa preolímpica ?aquella que conducía el carro de Zeus? fue escogida por su velocidad, agilidad e ímpetu para que sirviera de icono entre los guerreros de las polis. Esa mujer, llamada Niké en su origen, y representada de muchas maneras en tiempos futuros ?Atenea, Victoria??, se ganó su fama y su leyenda en numerosos frentes bélicos tras servir de inspiración a los soldados de las ciudades Estado. Así lo recogen las obras más populares de la literatura clásica, desde el arcaísmo griego hasta el helenismo final.

Tras la batalla de Salamina, contra el imperio persa, su figura cobró mas importancia en la polis de Atenas. De hecho, para conmemorar su exitosa victoria en las Guerras Médicas, la ciudad le construyó un importante templo en la Acrópolis. A partir de ese momento, su figura alada comenzó a presidir competiciones militares y atléticas. Su importancia fue tal, que su representación ?portando una palma de laurel? sirvió para adornar los trofeos de los ganadores de las pruebas deportivas. Una herencia que se recuperó en 1928, durante los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, cuando la cita impulsada por Pierre de Coubertin situó de nuevo a la diosa alada en el anverso de las medallas olímpicas. Una tradición que no se ha perdido y que hoy sigue asociada al triunfo y al poder, como ha podido comprobar en persona Carolina Marín, una de las Nikés españolas del siglo XXI.

Carolina, como la diosa griega, se colgó el oro en Rio de Janeiro gracias a su agilidad, velocidad e ímpetu. Lo hizo, incluso, gracias a sus saltos y sus vuelos; emulando a la propia divinidad alada. Por todo ello, su juego agresivo y ganador nos ha permitido descubrir un deporte casi desconocido en nuestro continente. No en vano, ella ha sido la primera mujer no asiática en conseguir la presea olímpica dorada.

Con sus victorias, ha venido a corroborar el dominio español en los deportes de raqueta durante los últimos años. En ellos, las mujeres españolas han alcanzado la cima mundial y se han consagrado de manera especial. Pues antes de que la onubense llegara a la cumbre del bádminton, las hermanas Sánchez Alayeto ?Mapi y Majo?, en pádel, y la alicantina Raquel Micó, en frontenis, no solo habían conseguido ser jugadoras profesionales de renombre, sino que habían llegado a ocupar el número uno mundial tras sus victorias internacionales. Situación idéntica que la vivida por Garbiñe Muguruza, otra Niké española del siglo XXI.

La joven Garbiñe, de figura grácil y esbelta, se ha hecho acreedora de la corona de laureles por méritos propios. En apenas un lustro de profesional, ha levantado los dos torneos más importantes del mundo ?la bandeja de plata en Wimbledon y la copa Suzanne-Lenglen en Roland Garros? y se ha erigido como la número uno mundial del circuito WTA. La hispano venezolana, que siempre ha mostrado respeto por sus predecesoras, merece idénticos honores que la divinidad alada griega.

En este punto, hemos de recordar que nuestro país ya fue potencia mundial en categoría femenina durante dos etapas. La más reciente, a finales del siglo XX, con la llegada de Aranxta Sánchez Vicario, Conchita Martínez, Anabel Medina o Virginia Ruano. Una inolvidable generación que sumó títulos y medallas como nunca hasta entonces se había visto. Entre las cuatro, lograron para España las primeras medallas olímpicas ?cuatro platas y dos bronces? y las victorias en los principales torneos mundiales ?Paris, Londres, Melbourne?.

El otro momento de visibilidad tenística en el extranjero, fue a principios de siglo XX. Cuando Pepa Chávarri, Bella Dutton y Lilí Álvarez ?las pioneras del tenis español? dejaron bien el alto el pabellón patrio. Lilí, en una época que coincidió con el despegue de las raquetistas ?primeras deportistas profesionales de nuestro país?, adquirió fama tras vencer el torneo de dobles de Roland Garros y disputar, entre 1926 y 1928, tres finales consecutivas de Wimbledon.

Las raquetistas, o jugadoras de frontenis, ya tenían por entonces la fama internacional ?al menos en prensa?. Con su juego explosivo, ágil, veloz y fuerte, habían recorrido, antes que Lilí, medio mundo para deleite de los aficionados a la pelota. De hecho, algunas de ellas ?como La Bolche o Eibarresa? llegaron a tener salarios superiores a los de un alto funcionario gracias a las apuestas; convirtiéndose así en las primeras estrellas mediáticas de los deportes de raqueta.

Hoy, a pesar de los logros de Raquel Mico e Izaskun Hernando, el deporte del frontis no tiene la repercusión en los medios que tuvo en su día. Como tampoco lo tienen el pádel, el squash y el tenis de mesa, deportes de raqueta donde las españolas Cristina Gómez, Gemma Triay o Lucía Sainz comienzan a ocupar su sitio entre las mejores.

Por suerte, tenemos a Carolina y Garbiñe para rato. Ellas, si los medios de comunicación ensalzan su legado, serán nuestras Nikés españolas del futuro.

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