OPINIóN
Actualizado 20/04/2018
Montse Vicente

El sábado me invitaron al teatro. "Arte", una obra escrita por Yasmina Reza. Al ver el cartel, tres hombres dirigidos por otro hombre, yo, que últimamente todo lo veo a través de la lupa violeta, me dispuse a presenciar los típicos micromachismos que tenemos normalizados desde que nos enseñan a hablar. Y efectivamente, las mujeres en esta obra, brillan por su ausencia no solo en el escenario, también en los créditos la paridad deja mucho que desear.

De hecho, el momento más hilarante de la obra, es cuando uno de sus personajes, un hombre al borde de un ataque de nervios, cuenta la batallita que están teniendo las mujeres de su vida como si fuera una jaula de gallinas histéricas. Si bien es cierto que no al mismo nivel al que lo habría puesto un hombre. Algo es algo.

Sin embargo, una vez digerida la obra, tras esa primera impresión, que no siempre es la que más cuenta, he visto un atisbo de feminismo en la forma de tratar las relaciones entre hombres, y es que estos también se vuelven histéricos cuando las cosas se escapan a su control.

Los tres personajes pierden los papeles en varios momentos, desde el principio de la obra hasta el final: uno de ellos, el menos culto, el que tiene aparentemente "menos personalidad", abandona varias veces la escena gritando y con un portazo, signo de histerismo por excelencia, y no lo hace por la jaula de "grillas" de su familia, sino por no poder controlar la situación en la que le están poniendo "sus dos amigos de toda la vida".

Y sus dos amigos de toda la vida, los dos cultos, los dos refinados, los dos que tienen el resto de los aspectos de su vida bajo un perfecto control, están ambos en el disparadero desde el principio hasta el final de la obra, enfrentándose de formas muy duras y llegando incluso a las manos, incapaces de entender el uno al otro, y, lo que más les duele a ambos, incapaces de convencer al otro de la "errónea" deriva a la que está llevando su vida.

El colmo del histerismo llega cuando destrozan la "obra de arte", que es carisísima, y además, es el aparente motivo por el que su amistad se está desmoronando.

Así que bye bye Freud: resulta que la histeria no procede del útero (la palabra griega hystear es lo que significa); no es una característica exclusiva de mujeres, sino de cualquier persona de cualquier sexo o género, tenga o no tenga útero, ante situaciones que dicha persona no puede controlar.

Vamos, que no somos tan distintos. En la mayoría de las cosas, somos prácticamente iguales.

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