OPINIóN
Actualizado 19/09/2017
Redacción

¡Qué fascinante el museo del chocolate Valor! La verdad es que una empresa como ésta, necesitaba un museo propio. Se trata de una fábrica española asentada en el levante español creada en 1881, con más de 130 años a sus espaldas y lo curioso de todo es que sigue siendo administrada de manera familiar, como en sus orígenes, por su quinta generación.

Grandes empresarios como Steve Jobs comenzaron su andadura emprendedora fabricando en el garaje de su casa. En el caso que nos ocupa, Valeriano, el "abuelo Valor" (apodado así por su espíritu de sacrificio) fundador de la empresa y al que debe su nombre, empezó de igual modo en su casa, fabricando sus primeras onzas, libras y chocolate a la taza y compaginando los ingresos con labores de agricultura.

Nada más cruzar la entrada al recinto, ya en los dominios de la fábrica, el olor a chocolate invade el ambiente. Fue apasionante el paseo por la misma en su primer día de funcionamiento después del cierre vacacional, ver cómo las inmensas máquinas fabrican este delicioso manjar, nada menos que 14.000 tabletas diarias. Así, invadidos por el agradable aroma, escuchamos atentos la historia de la fábrica, anécdotas y el funcionamiento de la misma. Tuvimos la suerte de tocar, oler y probar el cacao. Me resultó curioso saber que el chocolate blanco sea el único que no lleva cacao, solo manteca.

Siempre es difícil dar el primer paso a la hora de abrir un nuevo proyecto, y siempre hay gente que te puede decir "deja de soñar, no seas ingenuo", yo en cambio pienso que nunca hay que dejar de soñar. Si Valeriano hubiese seguido estos consejos (que seguro que en más de una ocasión escuchó), hoy no disfrutaríamos de esta exquisitez.

Si persistimos con todas nuestras fuerzas en nuestro sueño, ese que alimenta nuestra esperanza, tendremos posibilidad de verlo realizado y, si no es así, al menos tendremos la satisfacción de haber peleado por él, y la tranquilidad de no abandonar nuestra ilusión.

Desde este artículo en SALAMANCA AL DÍA os animo a tener sueños e ilusiones, a creer que todo lo que queremos lograr en la vida lo podemos alcanzar. ¡No permitamos que nadie nos robe la alegría que llevamos dentro! Qué triste sería carecer de sueños e ilusiones, porque cada uno de ellos corresponde a cada cual y en cada uno de ellos está la fuerza para seguir hacia adelante y seguir creyendo en la vida, en nosotros y en un mañana. Yo me quedo con frases como la de Emilio Duró: "¡Dale a la vida alegría, pasión, entusiasmo!" porque el día a día está lleno de pequeños detalles, de risas, y de buenas gentes. Es difícil vivir sin dinero y más aún sin salud, pero es imposible vivir sin ilusiones.

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