A. P. Alencart leyendo en el Colegio Fonseca de la Usal
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CULTURA
Actualizado 01/06/2017
Redacción

Desde Medellín, el escritor colombiano Omar Castillo se remonta a las jarchas mozárabes para comentar sobre la antología del peruano-salmantino, editada por la Diputación de Salamanca

En los versos que los poetas árabes y hebreos recogieron en sus moaxajas y que hoy conocemos como jarchas, podemos leer los inicios del idioma español y enterarnos de ese hijo recién nacido del latín produciendo sus primeros balbuceos literarios, adentrándose en las maneras y formas con las que, pasados los años y muchas vicisitudes, su habla y su escritura darán contenido a las nociones que lo caracterizarán, pues en estas jarchas aparece ya la picardía del imaginar amatorio y la sensualidad amparada en el doble sentido entre la culpa y el gozo, entre la piel y su ausencia, entre la caricia y la reconvención, entre el libre albedrío y el dogma regulador que alimenta la libidinosidad, los instintos y las pesadumbres tan caros en el ser de esta comunidad marcada por el idioma español.

He aquí, tomada del Cancionero y romancero español, seleccionado por Dámaso Alonso, una de esas jarchas mozárabes acompañada de su versión moderna:

Vayse meu corazón de mib,

ya, Rab, ¿si se me tornarád?

¡Tan mal mi doled li-l-habid!

Enfermo yed, ¿cuándo sanarád?

Mi corazón se me va de mí, / oh Dios, ¿acaso se me tornará? / ¡Tan mal me duele por el amado! / Enfermo está, ¿cuándo sanará?

Esa curiosidad que lleva a los poetas árabes y hebreos a recoger en el siglo XI las jarchas, nos permite aproximarnos a la sensibilidad de quienes en ese tiempo dieron aliento al idioma, nutriéndolo de una visión simbólica y alegórica en sus inicios líricos, visión que también distinguirá los cantares de gesta y los romances, dando así lugar a esas épicas curtidas entre la piel y la pasión, entre la historia y la leyenda que caracterizarán la literatura toda en idioma español.

Estas jarchas vienen desde la Edad Media asombrando con su nítida sencillez y llegan hasta nosotros como un secreto que se abre recordándonos la eficiente belleza del canto llano y lo útil que sería si acogiéramos tal secreto y lo enraizáramos con las analogías propias de nuestro tiempo, en los ritmos de los versos donde consignamos las súbitas analogías sucediendo en metáforas que nos permiten aprehender la libidinosidad del mundo finito y del universo en su pavorosa y fascinante estampida.

Lo anterior son un soporte para anotar algunas de mis apreciaciones sobre el reciente libro del poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart, Una sola carne, (antología amorosa 1996-2016), cuya selección y notas son trabajo de Carmen Bulzan. Editado en 2017 por la Diputación de Salamanca, el libro está ilustrado en su portada con una pintura de Miguel Elías, quien también realiza los cinco dibujos interiores.

Carmen Bulzan, antóloga del libro

La lectura del libro Una sola carne, nos permite entrar en relación con las nociones y los ámbitos que el poeta elabora en sus poemas sobre el amor y su carnal realización en sensaciones y sentimientos que aparecen tocados por las alegorías de la religiosidad celebrada por él en su obra poética. Esas nociones y esos ámbitos amatorios que el poeta nos participa, son posibles a través del territorio común y diverso de las palabras que suceden entre un escritor y un lector, entonces, allanar las imágenes que los sentidos del poeta captan y elaboran, es el reto para llegar a estos poemas y a las realidades e ideales que los componen.

Una muestra de esto es el poema "Confesión (Habla de mujer)" donde el poeta nos desliza la aparición de un ángel hecho carne y verbo sensual:

Un ángel

se hizo carne y regó

su copa

sobre mi boca

y se abrazó

por los caminos

de mi cintura.

"Ésta es la piel

de mi cielo" ? dijo

y yo, con mi piel

hecha durazno,

certifiqué su adanía:

"bienvenido

al vértigo de mi sed"

? dije.

Contiene este poema sentimientos y sensaciones en un acezante rumor que inunda de afectos la piel, el cuerpo todo mientras cruza el vértigo de una entrañable delicadeza que se ensancha con la caricia, con la dádiva que se da y se recibe, acezante pasión trenzándose en el delirio y la ternura que se alcanza en el clímax del amor satisfecho, momento único donde la vida se transmuta en origen, en "Llama de amor viva", tal como lo nombra San Juan de la Cruz, justo cuando el ser arde y se esclarece en el incógnito fuego aprehendido en sus asombros, en su arder y en sus cenizas.

En el siguiente fragmento del poema "Gacela mía" leemos:

"¡Encélate, Amado, porque el cielo

es todavía! ¡Pasa por la horquilla del relámpago

y atrévete a descifrarme por entero!".

En estos versos asistimos al grito, al gozo cuajando en el súbito instante del relámpago, a la brevedad "del ser para la resurrección", tal como apunta José Lezama Lima. Sí, la poesía es la obsesión por atrapar el instante que provee la pasión amorosa por la vida, el gozo por aprehenderlo en su libidinosa magnitud hasta nombrarlo en el poema como una cifra abierta y luminosa, penetrante y oscura donde se puede leer de la vida que no cesa en sus pétalos y semillas, en su piel y su gozo.

Después de leer el libro Una sola carne, del poeta Alfredo Pérez Alencart, y de constatar la fuerza de su sensibilidad en la elaboración de los poemas donde recoge las experiencias de su ánimo amatorio, de su fascinación ante la libidinosidad creadora de la carne, creo necesario llamar la atención sobre las conexiones de los poemas amatorios de nuestros días con la noción y visión del mundo que mostraban las jarchas mozárabes allá en el siglo XI, cuando impactadas de alegorías y símbolos significaban la piel y la imaginación de los amantes de entonces, pues al parecer esas nociones del mundo y sus realidades siguen permeando el carácter de nuestras sensaciones y sentimientos. Ahora, si esto significa un logro o no en la larga cadena de poemas amatorios que cunden la tradición poética en lengua española, es cuestión de que tanto los lectores como la crítica, deben asumir en sus gustos y en sus reflexiones.

Medellín, 27 de mayo de 2017

SOBRE EL AUTOR DEL ARTÍCULO

Omar Castillo (Medellín, Colombia 1958). Poeta, ensayista y narrador. Algunos de sus libros publicados son: Obra poética 2011-1980, Ediciones Pedal Fantasma (2011), Huella estampida, obra poética 2012-1980, el cual abre con el inédito Imposible poema posible, y se adentra sobre los otros libros publicados por Omar Castillo en sus más de 30 años de creación poética, Ambrosía Editores (2012), el libro de ensayos: En la escritura de otros, ensayos sobre poesía hispanoamericana, Editorial Pi (2014) y el libro de narraciones cortas Relatos instantáneos, Ediciones otras palabras (2010). De 1984 a 1988 dirigió la revista de poesía, cuento y ensayo Otras palabras, de la que se publicaron 12 números. Y de 1991 a 2010, dirigió la revista de poesía Interregno, de la que se publicaron 20 números. En 1985 fundó y dirigió, hasta 2010, Ediciones otras palabras. Ha sido incluido en antologías de poesía colombiana e hispanoamericana. Poemas, ensayos, narraciones y artículos suyos son publicados en revistas y periódicos de Colombia y de otros países.

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