OPINIóN
Actualizado 28/03/2017
Francisco Delgado

Me han informado de que los médicos de cabecera y muchos especialistas recomiendan cada vez más frecuentemente a sus enfermos que paseen, corran, hagan ejercicio diariamente, por lo positivo del ejercicio físico para numerosos aspectos de la salud.

Esta masiva recomendación médica explicaría al menos una parte de la numerosa cantidad de paseantes, corredores, ciclistas, que llenan los pocos parques que tiene Salamanca, a cualquier hora de la ciudad. Sería una explicación razonable y saludable.

Y sin embargo, la observación de estos paseantes, tan heterogéneos en edad, aspecto físico y costumbres, no sugiere que la mayoría sean enfermos con el consejo médico de que paseen: hay entre ellos muchísimos jóvenes, personas mayores acompañadas con frecuencia de su perro, que no pasean o corren por prescripción médica. El hecho de que cada día sea mayor el número de paseantes o deportistas, también en días desapacibles o lluviosos, y a horas extrañas para esta actividad, como las 10 o las 11 de la noche, o a veces las nueve de la mañana o incluso más pronto, sugiere alguna pregunta: ¿No será que hay una inquietud imprecisa y generalizada en un amplio sector de nuestra población, que a través de este ejercicio compulsivo intenta encontrar una salida a esta inquietud, quizás no muy consciente?

Me temo que al menos una significativa parte de la población hace ese ejercicio de un modo compulsivo en un intento de tranquilizarse; de acallar tantas preguntas sin respuesta que quizás estén instaladas en su mente. Como, ¿qué pasará con mi trabajo? ¿Lo encontraré? ¿Me echarán? ¿Cerrarán la empresa? ¿Volverán a contratarme? ¿Qué será de mis hijos? ¿El que acaba de terminar la carrera? ¿El que lleva dos años buscando sin éxito? ¿La que sigue en Berlín?

O inquietudes de otra índole: ¿Por qué él, ella, se ha separado? ¿Cómo evolucionará mi madre, mi padre, con su enfermedad? ¿Podré vender finalmente ese pisito que me sacaría de apuros por una temporada?

Si uno se siente demasiado inquieto, sería más eficaz y útil, que en lugar de correr o salir a las diez de la noche a pasear, se ordenara a sí mismo: Párate y analiza esos motivos de inquietud. Quizás encontrarás que algunos son puras fantasías, otros no son dignos de hacerte perder la paz interior y otros pueden desaparecer o disminuir la inquietud que provocan viendo claro cómo su solución no depende de ti.

De todas formas, entre el escape de hacer ejercicio, aunque sea compulsivamente, y maltratarse abusando del alcohol, de otras drogas, de la comida o de tantos otros maltratos, elijamos siempre el ejercicio físico, que no daña a nadie y siempre nos vendrá bien para algo.

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