OPINIóN
Actualizado 23/02/2017
Gustavo Hernández Sánchez

José Manuel Muñoz Félix. Joven Investigador Fugado. Londres

Las condiciones laborales de los jóvenes investigadores han vuelto a ser el foco de atención de muchos medios de comunicación desde el pasado jueves. La noticia ha saltado a los periódicos porque muchos jóvenes investigadores (unos 10.000 según muchos medios de comunicación) han visto modificados sus contratos de trabajo sin previo aviso de las diferentes instituciones.

La noticia se debe a que los contratos predoctorales que hasta el momento eran contratos bajo la modalidad de 'obra o servicio' pasan a la modalidad de 'contratos en prácticas´. A pesar de que fuentes del gobierno aseguran que se tratan de cambios administrativos sin afectar derechos laborales básicos (cotización, subsidio, indemnización por despido) muchas otras fuentes consultadas aseguran que dicho cambio en el código de los contratos afecta seriamente al futuro laboral de los afectados.

Esto supone un gran retroceso en las condiciones laborales de los jóvenes investigadores y una marcha atrás de todo lo que se había conseguido. Numerosos colectivos de jóvenes investigadores, entre los que destaca la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI/Precarios) consiguieron que las ayudas que recibían los jóvenes investigadores cuando realizaban sus tesis doctorales en universidades u organismos públicos de investigación) pasasen de ser meras becas que encubrían puestos laborales a unas ayudas consistentes en dos años de beca y dos años de contrato. Esto fue plasmado en el llamado Estatuto del Personal Investigador en Formación (EPIF) que se publicó en el año 2006. Sin embargo, la reivindicación fue a más y en el año 2011 se consiguió que la Ley de Ciencia y Tecnología contemplase la modalidad de cuatro años de 'contrato predoctoral´. Ahora estos contratos predoctorales pasan a ser contratos en prácticas.

Más allá de decir que esta situación vuelve a suponer un grave retroceso, ninguneo y desprecio por parte de las instituciones hacia el eslabón más débil y quizá uno de los más productivos del sistema de I+D+i en España no es ni la punta del iceberg de los problemas que afecta a nuestro colectivo.

Un colectivo que está condenado a tener que enfrentarse a una carrera investigadora llena de obstáculos y con un futuro incierto en todo momento, y que ha visto como el sistema de I+ D + i de nuestro país se desmorona a pasos agigantados, con un recorte que ya supera más del 50% desde el año 2009. Un colectivo al que muchos pertenecemos y que nos hemos acostumbrado a que nuestro futuro dependa de unas convocatorias públicas de contratos pre-doctorales, post-doctorales o de retorno y que cada vez sean convocados con menos frecuencia y menor número de ayudas. Un colectivo que en la mayoría de las ocasiones ha tenido que dejar su país para poder seguir ejerciendo su profesión.

Jóvenes que siendo formados en nuestro país ?con el coste que conlleva esta formación- resultan muy productivos en otros países como Reino Unido o Alemania. A los jóvenes se nos recomienda que marchemos al extranjero cuando finalicemos la tesis. Se nos dice que vamos a vivir una gran experiencia y seguir formándonos en grupos de investigación muy potentes y centros de investigación de otros países? y esto no deja de ser cierto. Sin embargo, lo que en realidad se nos dice es ´vete que aquí no hay nada?y luego ya veremos cómo está la cosa´. La movilidad exterior es una gran oportunidad para todo científico pero siempre que se le facilite el retorno en el caso de que quiera volver a desarrollar su carrera investigadora en España. Esto a día de hoy no ocurre, y es una gran pérdida ya que se pierden muchos talentos que pueden volver a producir en nuestro país y además traer consigo numerosas ideas que seguramente contribuyan a la calidad científica de nuestras universidades y centros de investigación.

La solución no es simplemente aumentar el gasto en I+D+i (actualmente España destina el 1.3% del PIB frente a la media europea que se sitúa en un 2.3% y muy lejos del 3% que recomienda la Unión Europea para 2020), sino crear una sociedad y una economía basada en el conocimiento. Para ello no solo es necesario convencer a los políticos, sino convencer a la sociedad, ya que la clase política es el reflejo de la sociedad que les vota.

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