OPINIóN
Actualizado 20/02/2017
Alejandro Vélez
Caer en el nepotismo, en el enchufe, hay que reconocer que es algo muy español. Y si en la vida civil no hay espacio para esta definición porque la libertad de uso y disposición de lo privativo lo permite y hasta puede denotar cierto humanismo. Pero entrando en el terreno de lo público, o que tiene que ver con lo de todos, tirar de lo más cercano sin mirar más allá se ha convertido en una práctica tan común como desvergonzada.
No hace tanto que nos vendían nuevas políticas, nuevas formas, que empleo era una prioridad. Y aunque en lo de las nuevas formas nos la siguen metiendo doblada, en lo del empleo las palabras se han convertido en hechos. Eso si, con el empeño de empezar por aquellos que más cerca tienen nuestros próceres patrios.
El último ha sido Iglesias, Pablo. Que trinca a su santa por la cintura y la aupa sin miramientos a la portavocía de su grupo parlamentario sin despeinarse la coleta. Todo queda en casa.
Y permítanme que les teclee desde la experiencia más directa, directísima. He conocido de primera mano muchos casos de este tipo. Unos me han estomagado, otros los he entendido y otros hasta me han gustado.
Los que me llegaron al estomago los dejo para otro día. Pero lo que si les puedo escribir es que para nada el panorama era parecido a lo que ahora sucede sin rubor alguno. Porque en política muchas cosas son importantes, pero las formas y los hechos hablan por uno mismo, dicen mucho.
Soy consciente que generalizar es caer en la injusticia, pero estas practicas son algo que no distinguen ni instituciones, ni partidos, ni ideologías. Y que quienes las ejecutan han hecho del enchufe todo un arte, un tetris con el que encajar a allegados y demás familias por el simple hecho de serlo. Da igual para que, da igual donde.
La cuestión del tema está en la legalidad. La ley es el escudo, la que da apariencia de corrección a algo que no la tiene, y el nexo común, quien soporta el desmán es el dinero público. Ese que se mira con lupa, como debe de ser, para unas cosas y para otras no.
Ahora ha sido Iglesias, antes Carmena y otros muchos. Pero no hay que irse tan lejos para ver como se pueden hacer tan mal las cosas en esto de digitalizar confianzas a costa del respetable.
A mi juicio lo de tirar del "cuñadismo" denota una forma de hacer y proceder muy particular. Es propio de liderazgos fofos, frágiles y sin sustancia, que tienen que recurrir a este tipo de blindajes para mantener la flotabilidad. Y que hacen carne una desconfianza a todo aquello que no se controle, que no se maneje o que tenga vida propia.
Creanme, ya lo saben ustedes, que a algunos no les basta con copar sin rubor lista cargo o similar que se pone a tiro. Además no dudan en hacer del nepotismo, pero ilustrado eso si, su marca personal. Por que por otros méritos durarían dos telediarios como gestores de la nada.
Y que conste que la familia y la amistad son grandes valores, tan preciados como difíciles de encontrar y mantener. Pero al final esto no deja de ser una forma de tiranía subvencionada, y ya decía Borges que la tiranía fomenta la estupidez. Y no creo que nadie en sus sano juicio quiera ni familia ni amigos estúpidos, o si ...
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