OPINIóN
Actualizado 15/12/2016
Víctor Hernández

A veces, cuando uno piensa en cuál es el mejor modo de crear una identidad de artista, es importante fijarse en pequeños detalles que marcan la clave de un producto bien construido, entendiendo como producto, en este caso, al artista y no tanto a su música.

Así, nos encontramos con que mucha gente intenta destacar por algo concreto que, muchas veces, y sin tener en cuenta sus cualidades musicales, se basa en algún rasgo físico importante. Su corte de pelo, su pose ante las multitudes o su vestimenta podrían ser claros ejemplos de lo que os hablo.

Encontramos que una de las mejores maneras de crear una buena identidad para un artista es lo más simple: su nombre.

Los nombres sonoros son algo que indudablemente funcionan, bien para generar esa identidad o bien para recordarlo fácilmente.

Pero si pensamos en algunos fenómenos que ya se dan escasamente, son los casos en los que los artistas se conocen por un solo nombre. A todos nos vendrán a la cabeza ejemplos como Madonna, Cher o Chayanne, pero si nos venimos un poco más cerca todos recordaremos a Marisol, Joselito o Raphael.

Qué gran manera de expresar tanta identidad artística con tan pocas palabras. Podrían haber sido Pepa Flores, José Jiménez o Miguel Rafael, pero no, a alguien se le ocurrió que con un solo nombre y sin apellidos deberían servir de referencia para que al nombrarlo todos supieran a quién se referían.

Y es que muchas veces, menos es más.

Si nos fijamos en el que sigue en activo de los tres, Raphael (la "ph" sustituyendo a la "f", cuentan que la tomó de la marca Philips, porque era más sofisticado y visual), podemos decir que su apuesta por el color negro le ha otorgado una identidad aún mayor.

De él solo puedo deciros que desde que actuó en el festival "Sonorama Ribera" en el 2014 (del que ya os hice la crónica en su momento), ha buscado la forma de reinventarse, y como ejemplo os dejo el enlace del adelanto de su próximo trabajo, intentando analizar aquellos detalles que voy escuchando y que considero importantes.

Hasta el segundo 56 encontramos una introducción de piano, adornos de guitarra y voz. Esto no nos hace pensar en que el tema sea novedoso, de hecho lo que nos sugiere es que es Raphael en su estilo más fundamental.

A partir del segundo 56 encontramos los primeros matices de un cambio. Un cambio hacia otra sonoridad. Una guitarra ejerciendo acordes en palm mute nos hace ver un sonido más alternativo (quizá aprendido de los grupos más indies del panorama musical).

Hacia el minuto 1:29 entra la percusión y el bajo. La batería está muy presente en la mezcla, mucho más que en sus anteriores trabajos y nos hacen escuchar a un Raphael distinto, más moderno y rejuvenecido.

Hacia el minuto 2:50 el sólo de guitarra, pausado y facilón con cambio de tonalidad para volver de nuevo a la de origen nos lleva al final del estribillo y nos avanza con un break de batería el retorno a ese piano y guitarra introductorias.

Espero que con esta sencilla y rápida guía, podáis notar cómo se hace de forma elegante y paulatina un cambio de estilo musical hacia un sonido más moderno sin caer en aberraciones y manteniendo en todo momento la identidad del artista.

Para ello también se recurre a la producción musical, que hace que los sonidos sean más redondos y de lo que os hablaré la próxima semana.

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