OPINIóN
Actualizado 14/12/2016
Isaura Díaz Figueiredo

Sin duda, no existe nada más delicioso y mágico que la sonrisa de un niño.

No es nada fácil sacar una sonrisa y vestir de ilusión a un pequeño que está

enfermo, y encima si este niño se encuentra ingresado en un hospital. Sin

embargo, hay gente que se empeña y consigue que sus ojos brillen y sus labios cansados regalen una sonrisa?, ante ellos me quedo sin palabras.

Lagrimas afloraron en mis ojos al leer éste articulo- que adjunto-, a buen seguro que el pequeño ya es ELFO más bello y feliz, y a buen seguro que su memoria "eterna" libre de dolor va velar siempre por un Santa Claus - el señor Schmitt - para que jamás, por duro que sea la despedida de un pequeño, deje de entonar su Oh,oh, oh mas bello mientras la campanilla suena a música celestial

Gracias a todos los que cada año con su presencia hacen que niños hospitalizados tengan la mejor de sus sonrisas y por unos momentos olviden pinchazos, quimios, y? por todos la gente dispuesta a regalar ilusión y magia hoy, estos días navideños, y a lo largo del año.

Isaura Díaz de Figueiredo

Psicólogo


Un Santa Santa Claus profesional de Estados Unidos ha estado a punto de renunciar a su trabajo y dejar de lado su disfraz para siempre debido a la desgarradora experiencia que ha vivido: un niño enfermo al que fue a visitar al hospital murió en la cama, entre sus brazos.

Eric Schmitt-Matzen, de 61 años, de Caryville, en Tennessee, acude a sus citas contento y con una gran sonrisa desde hace nueve años. Lo que más le gusta de su trabajo es ver las caras de emoción de los niños cuando le ven aparecer disfrazado de Papa Noel. «Todos ellos muestran mucha ilusión», ha contado el hombre al canal norteamericano «ABC News». Su labor se convierte así en una experiencia reconfortante. Sin embargo, tras su reciente y sobrecogedor encuentro, Schmitt-Matzen regresó a casa con la cara llena de lágrimas, tanto que conducir se convirtió en una misión imposible. «Tuve que parar varias veces debido porque no podía ver nada, no sabía adónde me dirigía», recuerda.

Este Papa Noel profesional había recibido la llamada urgente de una enfermera de un hospital local. Ella le explicó: «Hay aquí un niño pequeño que está muy mal. Va a morir dentro de poco. Está preocupado porque piensa que va a echar de menos la Navidad cuando se vaya». Al conocer la historia, Schmitt-Matzen no se lo pensó dos veces y acudió al centro médico tan rápido como pudo.

«Me encontré con sus padres y con más seres queridos. Les pedí que por favor me esperasen fuera de la habitación porque quería parecer feliz y jovial. Y que ?en el caso de que me acompañasen? si les entraba ganas de llorar, saliesen rápido porque si no, no podría hacer mi trabajo», explica el hombre, que no quiere revelar detalles acerca del hospital o la enfermedad del niño para proteger la intimidad de su familia. Nadie le siguió cuando entró en la estancia.

«¿Qué es lo que he oído por ahí? ¿Que crees que vas a echar de menos la Navidad?», preguntó al pequeño. Él asintió con la cabeza y Schmitt-Matzen le anunció: «No te preocupes. Los elfos tenían este regalo hecho para ti desde hace mucho tiempo». El Santa Claus profesional le entregó el presente que los padres del niño habían preparado para su hijo. Cuenta que tuvo que ayudarle a rasgar el papel pero que el pequeño, de cinco años, sonrió al terminar de desenvolverlo. Entonces, «se tumbó, me miró y me dijo: "Me han dicho que voy a morir". Yo le contesté: "¿Me podrías hacer un favor? Cuando llegues al cielo, di que eres el elfo número uno de Santa". "¿De verdad que soy tu elfo número uno?", me preguntó emocionado. Yo le aseguré que sí. Entonces, me preguntó: "Santa, ¿puedes ayudarme?"», relata Schmitt-Matzen. Cuando abrazó al chico, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

Schmitt-Matzen asegura que ha necesitado dos semanas para recuperarse del impacto y quitarse de la cabeza los ojos del niño mirándole todo el tiempo. Sin embargo, una vez repuesto, quiere seguir haciendo de la Navidad una época mágica para los niños. «Para ser un buen Santa lo importante es tener sentimientos sinceros; tener una buena barba o un buen "Ho, ho, ho" viene luego», explica Schmitt-Matzen.


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