Alejandro Marcos con su primer novillo. Foto: Adrián Martín


FERIA DE SALAMANCA
Actualizado 12/09/2016
Redacción

Dicen -y es cierto- que es en tu plaza donde más responsabilidad sientes, pero también donde más te empujan, te apoyan y te reconocen cualquier esfuerzo

La temporada de Alejandro Marcos, la que vislumbraba una alternativa potente a final de campaña -incluso se la ofrecieron para esta feria-, no está siendo ningún camino de rosas. Ha tenido que bregar, el de La Fuente, con reveses inesperados, fruto en ocasiones de una urgencia que tal vez se impuso él mismo y que no es fácil de sobrellevar para un chaval en la veintena.

El turbulento ritmo de una industria que exige triunfos no cuadra muy bien con el remoquete de artista que nos gusta ponerles a los toreros, pero es que en el planeta toro cuadran bien poquitas cosas. Y la urgencia de la perla de la Escuela que dirige José Ignacio y que dirigió Juan José -apoderado del chaval- le llevó a salirse de su registro en más tardes de la cuenta este año. Así le ocurrió en Madrid, y en Santander, pero no en Bilbao ni en Salamanca.

Porque la urgencia no juega en casa cuando sientes el calor de tus paisanos. Dicen ?y es cierto- que es en tu plaza donde más responsabilidad sientes, pero también donde más te empujan, te apoyan y te reconocen cualquier esfuerzo. Y si es toreando, mejor.

Alejandro sabe torear. Alejandro tiene la recia parsimonia castellana para componer sin escorzar, para templar sin estridencias, para trazar sin azuquiquis, y tiene, además, valor para que aquello pase despacio por la barriga mientras se saborea la sensación. Y hoy, en Salamanca, la cuna que lo vio nacer, berrear y reír, volvió a ser Alejandro. Sin urgencias.

Y como la urgencia no juega en casa, volvió a recordar qué tenía el jodío toro para que lo invadiese el veneno sin remisión. Hoy, sin urgencia, Alejandro volvió a ser feliz.

MARCO A. HIERRO

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