OPINIóN
Actualizado 09/09/2016
Rubén Martín Vaquero

La ermita de la Virgen, a orillas del río Tormes, existía desde el siglo VIII, aunque la imagen de esa época se perdió. La que tenemos ahora es del siglo XII ?románica?, de clara influencia bizantina, aunque la hicieron en Salamanca artesanos de Limoges, francos de esa natura que poblaron la ciudad. Entonces se llamaba Santa María la Antigua, mas al estar situada su ermita en la vega del río Tormes, pasó a llamarse Santa María de la Vega. Está hecha en madera recubierta de oro, cobre y bronce, sus ojos son de azabache y el manto tiene piedras preciosas.

La imagen aúna la iconografía de Madre de Dios ?lleva al Niño Jesús sobre su rodilla izquierda?, de Virgen ?en su mano derecha porta una azucena de plata, símbolo de la pureza y emblema del Cabildo Catedralicio? y de Reina ?está coronada y sentada en un trono?. El Niño sujeta en la mano un libro que simboliza la sabiduría. En el siglo XII se construyó una ermita románica a orillas del río para albergarla, siendo considerada desde ese momento patrona de Salamanca y su Tierra. En 1618 se confirmó solemnemente su patronazgo, que la ciudad recuerda cada 8 de septiembre, coincidiendo con la festividad litúrgica de la Natividad de María.

Destruida la ermita muchas veces por las inundaciones, en 1812 salió definitivamente de ella, arruinada por la Guerra de la Independencia, con destino a la iglesia de San Polo, donde permaneció hasta 1842, fecha en la que fue trasladada a San Esteban. Fue en 1943 cuando la llevaron a la Catedral Vieja, en la que ahora preside el retablo mayor.

Nuestra Señora salió de su casa para visitar el estadio Helmántico el 25 de junio de 1989, cuando varios miles de personas participaron en la Eucaristía de clausura del XI Sínodo Diocesano de Sala­manca, presidido por el obispo don Mauro Rubio Repullés. Para tal solemnidad se buscó un lugar que permitiera la asistencia masiva de fieles y se llevó desde la Catedral Vieja la imagen de la Virgen de la Vega, patrona de la ciudad. El sínodo, convocado con el objetivo de revisar las constituciones y resto de documentos del Concilio Vaticano II (1962-1965), planteó ciento veintiséis propuestas para la plasma­ción práctica del mismo en la Iglesia local salmantina.

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