OPINIóN
Actualizado 02/07/2016
José Ramón Serrano Piedecasas

Miguel Ángel Aguilar, el periodista defenestrado por Juan Luis Cebrián, ha resumido con amarga agudeza el resultado de estas elecciones: "Al PP le ha faltado un escándalo más, para alcanzar la mayoría absoluta". ¿Cómo puede haber sucedido tal desaguisado? ¿Cómo es posible que muchos españoles hayan decidido con su voto sostener a un aparato partidario corroído por la corrupción? ¿Cómo los más perjudicados por unas políticas sociales desaprensivas les apoyen? ¿Y qué me dicen del estrepitoso fracaso electoral de la izquierda? El miedo ciudadano se ha erigido en el gran protagonista del día 26 de junio. El "más vale lo malo conocido?" arrasó en las urnas. Y "lo bueno por conocer?" no se ha sabido explicar. Por estas razones, hay otras, la izquierda ha cosechado una derrota contundente. En efecto, la izquierda no ha sabido explicar, que lo malo conocido es exactamente igual, sino peor, a lo malo por conocer y que lo bueno por conocer será siempre mejor, mucho o poco, pero mejor a lo ya conocido. Quizás, el crecimiento desmesurado de la formación de Podemos en un período de tiempo cortísimo y la bisoñez (adolescente) de sus dirigentes les hayan pasado factura. Excusas que no alcanzan a IU y al PSOE. Ambos, viejos y acomodados partidos. También víctimas del ficticio bienestar económico vivido, frívolamente, en España. Los primeros se convirtieron en florero rojo e incluso medraron un poco; los segundos, los socialistas, medraron mucho, tanto como los populares. Así pues, todos ellos, los primeros, los segundos y los terceros, o aún no están capacitados para ilustrar o deben hacer una profunda catarsis hacia dentro para lograrlo. Sin embargo, no todo son malas noticias. Como siempre ellas vienen de la gente de a pie. El "no, no nos representan" del 15M resume la toma de conciencia de una realidad inocultable: la democracia se debilita, los grandes partidos nos dieron la espalda. Esa toma de conciencia posibilitó el surgimiento de Unidos Podemos, de las confluencias gallega, valenciana, catalana y de Equo. Son millones de personas las que exigen, sin miedo, el cambio hacia una democracia real, justicia social, transparencia y cultura. Ese acervo no se improvisa y no se diluye de golpe. Sin embargo, el PSOE se encuentra en una encrucijada. Si, para seguir medrando, siguen contando escaños y no militantes o pretenden contentar a todos, su futuro será muy incierto. La izquierda debe confluir en un único frente, construir desde la calle, olvidarse de las transversalidades, de los eslóganes publicitarios, de las capillas, del elitismo, del nosotros somos los virtuosos. Hay que seguir, todos unidos, luchando. Desanimarse nunca.

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