OPINIóN
Actualizado 19/06/2016
Paco Blanco Prieto

Se cumple hoy el segundo aniversario de la abdicación del "rey padre" y la proclamación de Felipe VI como rey de España, jurando ante las Cortes Generales desempeñar sus funciones constitucionales, guardando las normas jurídicas, haciéndolas guardar y respetando los derechos de los ciudadanos y de las nacionalidades y regiones españolas.

Esta efemérides da pie para responder a la pregunta que el otro día me hicieron en una tertulia sobre cuál sería mi comportamiento si yo fuera rey, respondiendo con similares palabras a las que el marqués de Sardoal dijo al romántico Borbón Alfonso XII: "Si yo fuera Rey, sería republicano".

Añado también que si yo fuera rey renunciaría a trono, corona, cetro, bastón y privilegio alguno que no tuvieran mis súbditos.

Si yo fuera rey, bebería el agua del mismo botijo que mis vecinos, compartiría los bancos municipales con jubilados y utilizaría servicios públicos sanitarios y educativos.

Si yo fuera rey, levantaría el secretismo sobre mi padre para que los vasallos supieran su ejemplar historia de vida, su lealtad familiar y sus renuncias por la patria.

Si yo fuera rey, sería veraz, despreciaría a los aduladores, rechazaría camarillas, eliminaría cortesanos y pondría música en el gallinero político.

Si yo fuera rey, instalaría buzones de quejas y sugerencia en cada rincón, promovería la crítica de los tributarios y clavaría mi declaración de Hacienda en las puertas.

Si yo fuera rey, sería vasallo del servicio público y doblaría mi voluntad ante las lágrimas del débil para reforzarla frente a las amenazas del rico.

Si yo fuera rey, hablaría con banqueros, comunicadores, plutócratas, oligarcas y eclesiásticos, pero nunca aceptaría que me invitaran a un café.

Si yo fuera rey rechazaría contrabarreras de toros, palcos de teatro, tribunas mundanas y platos de lentejas que pretendieran comprar mi voluntad.

Si yo fuera rey promovería huelgas contra mí mismo confiando en que nadie asistiera a ellas y convocaría un referéndum para sentir de cerca el amor de mi pueblo.

Si yo fuera rey, abdicaría si algo de esto no hiciera, aceptando pasar el resto de mis días remando en galeras para redimir la culpa de mi traición.

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