OPINIóN
Actualizado 22/03/2016
Fernando Robustillo

Queremos comenzar este artículo con la súplica de que cuanto ustedes puedan percibir en él, les guste más o menos, nos disculpen y piensen que, lejos de la crítica negativa, la intención de la siguiente reflexión es y será siempre la de dar luz en medio d

Pido esta disculpa porque los profesionales del humor, sobre todo los monologuistas, siempre se han quejado de lo difícil que es afinar sobre las religiones para no ocasionar molestias ?da igual el credo? pues es dificilísimo atinar para que los tambores de las procesiones no te manden a los infiernos. Hoy, al iniciar una nueva Semana Santa, días en el que quizá algún creyente piense y crea de manera literal que las golondrinas les quitaron las espinas al Señor, nosotros vamos a realizar un ejercicio menos dogmático y sentir la Semana Santa como la ven nuestros ojos y la avista nuestro pensamiento. Por tanto, el sentimiento de cada cual es respetable y la historia puede ofrecernos puntos de vista diferentes.

Hoy a nuestra Semana Santa, tan turística, tan competitiva, movida en muchísimas facetas por intereses económicos ?dejemos aparte la honradez de los cofrades?, si le buscáramos un personaje de la época de Jesús que bien pudiera representar a un amplio número de individuos de este tercer milenio, todos pensaríamos en Judas Iscariote, o sea, el primer corrupto del Cristianismo. Y vuelvo a decir que nadie se me escandalice ante una palabra tan grandilocuente, pues todos tenemos conocimiento de que Judas fue uno de los doce Apóstoles de Jesús que le traicionó por dinero, y creo que si parangonamos aquello con lo que ocurre en España en la actualidad, donde más del noventa por ciento estamos bautizados y por tanto somos católicos, es posible que el porcentaje de corruptos, uno de cada doce, haya variado muy poco. (Es de suponer que hablo de esos que se encuentran entre el poder y el dinero).

Además, si Judas volviera a la tierra y se enterara de la inflación de sus monedas seguro que se enfadaría de verdad. Judas fue a ver a los sumos sacerdotes y les propuso: "¿Cuánto estáis dispuestos a darme si os lo entrego?". "Treinta monedas de plata", le contestaron. (Mateo 26, 14-16). Éste quedó conforme y así fue escrito. Pero hoy aquellas monedas se han convertido en reliquias y al parecer existen más de doscientas monedas "auténticas" veneradas y repartidas por todo el mundo. En España tenemos una en Toledo y otra se fundió en una campana de cobre en Zaragoza, campana que sólo se toca en contadas ocasiones para anunciar hechos de gran relevancia. Sin embargo, los españoles no somos los más afortunados, pues México posee siete y otras muchas enriquecen países de Latinoamérica, como Brasil, Perú, Colombia y Venezuela, y de Europa tienen monedas Alemania, Francia, Italia o Portugal.

Sin temor a equivocarnos, lo aseguran muchos historiadores, podemos decir que todas las reliquias de aquella época son falsas (también existen más de sesenta dedos de San Juan Bautista y hasta raspas de los peces de aquella famosa multiplicación?, verídico y con respeto: sería como si las rumanas vejadas recientemente en Madrid recogieran las monedas para coleccionarlas), reliquias más falsas que Judas, que al parecer no fue un discípulo falso, sino un noble administrador que realizaba una brillante gestión económica para Jesús y el grupo de apóstoles que le acompañaron. Pero ya se sabe, lo decía el Salvador: "todo está escrito" ?y a Judas le tocó traicionarle. No obstante, según una antigua tradición, tras colgarse Judas, Jesús bajó a la tierra, le dio un beso en la frente y lo acompañó hasta las puertas del cielo. (Pero ¡ojo!, esto lo hizo Jesús con Judas Iscariote, pero que no crean los corruptos de hoy que su caso es homologable, que ni lo suyo está escrito ni queremos que se hagan el harakiri, pues su cielo debe estar en la devolución del dinero).

No obstante, aprovechamos el tema de Judas ?que no debemos confundir con San Judas Tadeo, primo de Jesús y también apóstol? para señalar que la locura a la que a veces lleva el fervor de las personas parece normal por rutinaria, ya que se calcula que existe un millón de presuntas reliquias de Jesús, además de innumerables letanías como un pelo de la Virgen o una pluma del arcángel Gabriel, ¡que ya es echarle imaginación! Por tanto, en estos días de Semana Santa es mejor la creencia en el mensaje que en las reliquias. Y tampoco debemos confundir éstas con las imágenes que veremos por las calles en las procesiones, que encierran otra historia, pues cada cual puede identificar su fervor con la talla del Cristo de su pueblo o la de la Virgen venerada por sus padres y si encuentran en ellas, aparte del sentimiento religioso, una vena artística que les emocione, mucho mejor.

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