OPINIóN
Actualizado 11/03/2016
Estefanía Rodero Sanz

Al hilo de la Ley 25 de Emergencia Social de PODEMOS.

Frente a los discursos que pretenden naturalizar la pobreza (siempre hubo pobres) o los que pretenden unificar riqueza con esfuerzo (si eres pobre es que no te has esforzado lo bastante), es preciso señalar que la desigualdad se combate con política, dado que sus causas también lo son.

La principal causa de la desigualdad subyace en la confusión del poder económico y el poder político, en la capacidad del poder económico para chantajear a quienes deberían representar el interés del pueblo, teniendo la capacidad así de sortear la democracia y generar un poder supranacional ante el que los Estados tienen cada vez menos margen de maniobra.

Tenemos que ser conscientes de que en los últimos 35 años hemos vivido una revolución neoliberal, ejemplificada en aquel "No hay alternativas" de Margaret Thatcher o el "Claro que hay lucha de clases y la mía va ganando" del multimillonario Warren Buffet. Durante este tiempo, acompañado también de la falta de norte de la izquierda, el progresivo desdibujo de la socialdemocracia, se instaló en nuestras sociedades la visión de que, en el espacio electoral, no había nada en juego realmente dado que los programas económicos eran idénticos a un lado y otro de ese eje útil para los de siempre "izquierda-derecha".

Durante este tiempo, el neoliberalismo, esta visión económica feroz, se ha hecho con la legitimidad intelectual, la Academia, el pensamiento, impidiendo el desarrollo de otras visiones o teniendo la capacidad de marginar otras propuestas.

Pero las hay, desde luego que hay alternativas que ponen las necesidades de nuestra gente en el centro, no sus privilegios.

Uno de los ejes clave para PODEMOS es la democratización de la economía. Aún existe una clara resistencia a asumir la desigualdad que vive nuestro país, aún negamos la mirada. La "recuperación" de la que hablan excluye a un tercio de la población española, más de 10 millones de personas en España viven en hogares que se sitúan por debajo del umbral de la pobreza, 2,5 millones de trabajadores son pobres, 720.000 familias no perciben ningún tipo de renta y casi la cuarta parte de la ciudad de Salamanca, el 21%, se encuentra en el paro.

Basándonos en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hemos presentado en el Congreso la Ley 25 de Emergencia Social, para garantizar, entre otras, la universalidad de la sanidad y el acceso a los medicamentos, el derecho a la vivienda incluyendo la cobertura básica del suministro energético, así como la prohibición de los desalojos forzosos sin alternativa habitacional.

No nos olvidamos de lo que realmente nos trajo aquí, nuestro país, ni olvidamos la necesidad de implementar el Plan de Renta Mínima Garantizada que afectaría a unos 7,8 millones de personas en nuestro país, con un coste del 1,5% del PIB.

La desigualdad se para no creándola. La desigualdad se para con política, señalando y poniendo en duda los privilegios. Se para creando una alternativa a esta socialdemocracia light que no disputa, que no planta cara a los recortes. La desigualdad se para rompiendo la hegemonía neoliberal, denunciando que este sistema económico es insostenible, ineficaz e incompatible con los derechos humanos. Hablemos de lo que hay que hablar, la desigualdad en España no espera.

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