OPINIóN
Actualizado 10/03/2016
Redacción

Ha fracasado la investidura de Pedro Sánchez como candidato del PSOE a la presidencia del gobierno. Con los resultados de la segunda votación hemos terminado una semana significativa en la política española. Aunque casi todas las últimas semanas tienen algo de significativo, esta puede pasar a la historia como la "semana de la desvestidura".Debo a la expresión a mi amigo Fernando Vidal quien, tras los resultados electorales se atrevió a proponer una legislatura con dos presidentes de partidos diferentes para cinco grandes reformas. Ayer comentaba que sus expectativas habían fracasado y reforzaba su argumento de la desvestidura. Una palabra que, por cierto, no existe en el diccionario y procede de "desvestir". En lugar de asistir a un debate de investidura que decora y fortalece los vínculos entre grupos políticos, o entre la clase política y la sociedad, esta semana vemos que esos vínculos parecen no existir. Por eso el debate de investidura ha "desvestido" a nuestra clase política.

Primero porque la política de los cordones sanitarios fomenta el cainismo. El hecho de que el candidato empezara dando la espalda al partido que más votos había obtenido es una buena muestra de que el adanismo que habíamos visto en los gobiernos de Zapatero se ha refinado y desarrollado. No es esta la socialdemocracia que necesita nuestro país, ni este es el socialismo reflexivo que otros tiempos gobernó en España. Necesitamos una izquierda que no separe, que
no divida, que no criminalice al diferente y que no rompa los tejidos de la convivencia.
Segundo por la vuelta al salvajismo. Las alusiones a la "cal viva" de Iglesias y el beso con Domenech, el líder catalán de "En Comú Podem", confirman la llegada del travestismo, el resentimiento, la mala educación y el odio al primer plano de la escenario político. Incluso Felipe González se ha sorprendido por la rabia y el odio que Iglesias ha demostrado en su discurso, sin caer en la cuenta de cómo muchos líderes municipales y regionales de su partido lo alimentan diaria e intencionadamente. Por mucha moderación que Sánchez haya demostrado y buscado en su pacto con Rivera, las huestes socialistas de toda España están alimentando un monstruo político que puede terminar devorándoles. Mientras los gobiernos socialistas de ayuntamientos, diputaciones y autonomías sigan proporcionando poder a estos grupos, toda investidura será una des-vestidura. Con camisetas o sin camisetas pero una política de des-vestidura.
Tercero porque falta generosidad e imaginación para servir de verdad a la sociedad. Los partidos y grupos políticos no deberían estar para arroparse o servirse a sí mismos sino para arropar y servir a la sociedad; son medios para descubrir vínculos, fortalecer valores y gestionar educada o decorosamente las diferencias. Esto, no otra cosa, es una política de centro.
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