OPINIóN
Actualizado 13/02/2016
José Antonio Mirón

Nadie pone en duda la buena evolución que ha tenido la Sanidad y la Salud Pública de nuestro país desde que se desarrolló de manera consensuada el Sistema Nacional de la Salud español. Hoy supone un ejemplo de los grandes aciertos de los últimos 30 años; pero su situación actual necesita reformas estructurales y funcionales para adecuarlo a las necesidades actuales. No hace falta ser un experto, sólo hay que ser conscientes y observar el día a día de los hospitales españoles, para darse cuenta que existen disfunciones y dinámicas que no son adecuadas ni eficientes. Todo lo contrario, costosas e ineficientes.

En un contexto sanitario y social como el actual, donde existe un envejecimiento poblacional importante y una alta prevalencia de enfermos crónicos y pluripatológicos, la organización hospitalaria sigue seleccionando a los pacientes en función de los padecimientos de sus órganos y sistemas sin tener presente su integridad biopsicosocial, su variabilidad clínica y sus problemas y necesidades que hace imprescindible una atención e intervención por parte de equipos multidisciplinares. Supongo, que para algunos, está realidad ha  justificado cambiar la buena formación especializada del sistema MIR añadiendo la denominada troncalidad. Esta quiere conseguir formar más en aspectos generales que específicos o especializados. Desde mi punto de vista ésta es innecesaria porque la tronco es el Grado (el bachiller se convierte en médico) y porque se trata de un tratamiento sintomático y no un tratamiento causal y, porque además añadirá más problemas de gestión y de formación a la organización hospitalaria.

Buscando soluciones se han desarrollado iniciativas innovadoras de gestión clínica que han supuesto mejoras y avances asistenciales; pero en definitiva sólo han sido respuestas parciales. Aunque, lógicamente, hay que agradecer el generoso esfuerzo, la voluntad y el entusiasmo de muchos profesionales que han desarrollado y siguen desarrollando su actividad en estas unidades de consulta y atención inmediata, de corta estancia, de gestión clínica, de atención a crónicos y pluripatológicos, etc. Todas ellas son excelentes iniciativas y suponen cambios organizativos necesarios; pero cuando se analizan desde un punto de vita global y de Salud Pública se comprueba que no han supuesto cambios significativos y trascendentes.

La organización hospitalaria ha quedado obsoleta y necesita ser reformada para ser eficiente y para que pueda resolver los problemas y las necesidades que tienen los pacientes actuales. Existen diariamente muchos procedimientos diagnósticos y terapéuticos repetitivos y una demanda y utilización de los servicios de manera inadecuada que no se justifica clínicamente y que conlleva un deterioro de la Calidad Asistencial y unos costes excesivos que pueden llegar a ser insostenibles. De este déficit de gestión son un ejemplo los servicios de urgencias, un 30% de sus demandas no se justifican por criterios clínicos o por la necesidad de pruebas hospitalarias y un 10% adicional se hace por comodidad, sin haber pasado por la Atención Primaria y/o sin ser una urgencia vital  Es decir, un 40% ocasionan costes innecesarios e ineficiencia.

Para corregir las dinámicas habituales se debe empezar por profesionalizar la gestión hospitalaria para que se deje de administrar y se pase a gestionar, tomando decisiones estructurales y funcionales teniendo como objetivo primario al paciente que debe ser atendido con Calidad, efectividad y Seguridad. Añadiendo a este proceso asistencial, integridad, continuidad y seguimiento a través de la Atención Primaria y la Atención Sociosanitaria. Es decir, con la organización y gestión actual, no se posibilitan las condiciones adecuadas para cambiar la situación de ineficiencia en la que estamos inmersos desde hace décadas.

Por otra parte, siendo conscientes de las barreras y resistencias que existen habrá que comenzar por depurar los conflictos de interés que tienen algunos profesionales, afortunadamente muy minoritarios, entre lo primario, la Salud Pública, y lo secundario, las ideas de negocio con la Salud. Porque el sistema sanitario es básica y fundamentalmente un sistema social y no un sistema económico. Tampoco es necesaria la externalización y/o subcontratas de gestión dado que éstas ofrecen eficiencia a costa de efectividad asistencial, de Calidad y de Seguridad del Paciente. No hay más que observar que los hospitales privados y las instituciones privadas, en general, no realizan intervenciones complejas, ni trasplantes, ni docencia e investigación porque éstas son actividades asistenciales complejas y costosas al alcance de los hospitales de un nivel de especialización y complejidad científico-técnico que es muy costoso de desarrollar y mantener.

Por otra parte, los nuevos hospitales, todavía estamos a tiempo con el nuestro, hay que desarrollarlos en base a la innovación para que se conviertan en instituciones de Salud. Deben ser abiertos y saludables para permitir que los pacientes puedan conciliar su estancia hospitalaria con tranquilidad, sosiego y disfrutando de paseos en espacios abiertos y saludables.

A la Atención Hospitalaria le hace falta una reforma con cambios organizativos y funcionales para dar respuesta efectiva, eficiente y de Calidad a las necesidades de los pacientes actuales

JAMCA

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