¡No te lo perdonaré jamás, Carolina Bescansa, jamás!
Esta semana ha dado mucho que hablar la toma de posesión de los escaños por parte de las nuevas personas diputadas, en lo que en realidad representa la más absoluta y extraordinaria normalidad, aunque suene contradictorio, ya que ahora, en esto que se está llamando la segunda transición, es la primera vez que vamos a encontrarnos un sistema verdaderamente parlamentario, y segundo, porque por fin la pluralidad de la sociedad mayoritaria española está representada en la Cámara de todos y todas.
Entre todo esto la que se ha llevado el oro es la polémica suscitada por Carolina Bescansa y su bebé. Y es que, desde el "eppur si muove" de Galileo, pasando por la negativa de Rosa Parks a ceder su asiento y hasta el "en mi hambre mando yo" del jornalero andaluz, las personas heréticas, aquellas que han osado disputar la concepción de "la normalidad", de lo que es "serio y responsable" son las que han conseguido los grandes cambios y avances de la sociedad y de la política institucional.
Aquellos que han acusado a Carolina Bescansa de hacer "postureo" y de convertir la política en un espectáculo aciertan, en parte, y es algo que no tiene porqué ser malo, ya que la política tiene parte de "teatralización" (la mayoría de trámites que se vieron en la Cámara no son más que "paripés") y son precisamente actos como estos los que rasgan las costuras de nuestras neuronas y abren debates necesarios en la sociedad.
Es necesario explicar y aclarar cosas: lo primero es que no es ni mucho menos la primera mujer en hacerlo, ni es la primera vez que lo hace ella, acostumbrada a llevar al niño allí donde puede. Lo segundo es que es madre soltera, su bebé no acepta el biberón y la dichosa guardería (de pago y financiada por fondos públicos, cosa que en un Estado Social no debería ser así) de la que tantos han hablado cierra su plazo de inscripción en los meses de marzo/abril (el pequeño Diego todavía no existía, ni Carolina sabía que iba a ser diputada). Y lo tercero es que no sé el porqué hemos asociado casi únicamente la conciliación familiar y laboral con la externalización de los cuidados, cuando realmente tendría que ser al revés: el Estado debe crear las condiciones para que una mujer que decida ejercer su derecho a la maternidad no vea mermadas sus condiciones laborales y materiales.
Gracias Carolina por tu herejía, porque seguramente habrás abierto el debate que lleve a conseguir permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles, y a establecer y normalizar mecanismos como las herramientas telemáticas, estando como estamos en la era de la tecnología.
¡No te lo perdonaré jamás, Carolina Bescansa, jamás!