OPINIóN
Actualizado 14/12/2015
Pedro Vicente
No entraba en ninguna previsión una campaña electoral tan animada como la que estamos viviendo en Castilla y León. No solo por la incertidumbre de sus resultados, con escaños en el alero en las nueve provincias, sino también porque no estaba en el guión que la corrupción fuera a irrumpir de la forma que lo ha hecho, con un candidato del PP al Congreso al que su partido, después de apartarlo de la campaña, le ha pedido que se retire de la lista (esto último se sospecha que por el momento con la boca pequeña, ya que en otro caso el "apestado" hubiera accedido ipso facto a dicha petición).
 
Juan Vicente Herrera y Soraya Sáez de Santamaría
 Con dos comisiones parlamentarias de investigación abiertas -la de la trama eólica y la del oneroso Hospital de Burgos-, muy lejos queda aquella osada afirmación de Juan Vicente Herrera presumiendo de que Castilla y León estaba fuera del mapa de la corrupción española. Ya señalamos aquí en su día lo impostados que estaban aquellos golpesde pecho. Y los hechos suelen ser tozudos. No se había desvelado todavía la trama eólica, pero ya eran muchos los casos que desmentían esa temeraria afirmación presidencial, algunos en plena efervescencia, como el relacionado con la "Perla Negra" y el inexistente polígono industrial de Portillo, en el que están imputados seis altos cargos, seis del actual gobierno Herrera.
 
Bloqueadas momentáneamente esas comisiones de investigación, el PP de Castilla y León no contaba con que la corrupción fuera a enturbiar su campaña electoral. Una campaña por otra parte de deliberado perfil bajo, basada en las cansinas apariciones de miembros del gobierno Rajoy ?ayer, sin ir mas lejos, tuvimos ración doble de Soraya Sáez de Santamaría- y en el despliegue por toda la comunidad de los dos vicesecretarios del PP vinculados a la misma,Fernando Martínez Maillo y Pablo Casado, quienes no obstante, por la cuenta que les trae, no están descuidando lo más mínimo sus respectivos predios provinciales.
 
 Lo que no estaba en el guión es que en plena campaña estallara el "caso Gómez de la Serna", el diputado-cunero por Segovia que, solo o en compañía del hasta ayer embajador de España en la India, Gustavo de Arístegui, ha practicado aquel propósito atribuido aEduardo Zaplana con ocasión del "caso Naseiro": "Yo estoy en política para forrarme". Objetivo presuntamente cumplido por Zaplana -en la actualidad consejero de Telefónica- y no digamos por Gómez de la Serna, cuya "consultoría", de ser cierta la información (por nadie desmentida) del diario "El Mundo", ha gestionado contratos adjudicados en África y América a varias empresas españolas que le han reportado comisiones por importe de varios millones de euros.
 
Pedro Gómez de la Serna
 La actitud del PP sobre el particular no ha podido ser más elocuente. En horas 24 pasó de la absoluta tolerancia manifestada por Mariano Rajoy a la apertura de un expediente disciplinario, que en las 24 horas siguientes daba paso a la decisión de retirar a De la Serna de la campaña electoral, secuencia que continuaba 24 horas más tarde con la solicitud de renuncia señalada al principio (que ya veremos si hoy lunes no se solicita ya "en serio" y es aceptada en el transcurso de la jo
rnada con el fin de ayudar a Rajoy a pasar ese trago durante el debate electoral con Pedro Sánchez. Así lo hace presagiar la dimisión presentada ya por Arístegui).
 
 La secuencia anterior -obviamente forzada por la coyuntura electoral- ha dejado en evidencia a algunos compañeros (pronto ex compañeros) del diputado-cunero. De forma que roza lo patético a la número uno al Congreso por Segovia, Beatríz Escudero, quién, después de afirmar que nadie se había planteado en el PP pedir la renuncia a De la Serna -"no tiene que dimitir porque no ha hecho nada ilegal" dijo-, 48 horas más tarde no dudaba en señalar que el comportamiento del susodicho no le parecía "ni ético ni estético" (sic).
 
Quien no ha incurrido en contradicción alguna ha sido el presidente Herrera, quién, a punto de cumplirse una semana desde que estalló el caso, no ha hecho la menor referencia al asunto. Él, que el pasado día 28 de noviembre, con ocasión de la presentación de los candidatos del PP al Congreso y al Senado por Castilla y León, les pidió solemnemente que"no olviden su compromiso sagrado con los castellanos y leoneses", no ha tenido a bien pronunciarse sobre las andanzas empresariales de Gómez de la Serna.
 
Albert Rivera y Pablo Iglesias
 Aunque para omisión clamorosa, la falta de respuesta que sigue dando el gobierno que preside, es decir, la Junta, al ofrecimiento de acciones de la fiscalía para que se persone, como manifiesta parte perjudicada que es, en la investigación abierta por el Juzgado de Instrucción número 2 de Valladolid en torno al caso "Perla Negra"-Portillo, el doble y multimillonario pelotazo inmobiliario perpetrado a costa de las arruinadas empresas públicas ADE Parque y Gesturcal.
 
 Con este panorama, la campaña entra en una recta final que, vista la deriva de las encuestas, puede resultar decisiva, ya que prácticamente en todas las provincias hay algún escaño del Congreso -en algunas también del Senado- que puede caer de un lado a otro por un escaso margen de votos, algo sin precedentes en todas elecciones generales celebradas desde 1977. 

Mientras PP y PP han gastado ya sus principales cartuchos electorales en Castilla y León, los "emergentes" van a echar el resto en los próximos días. Albert Rivera vuelve hoy a Ávila, donde ya estuvo durante la precampaña, y también estará en Salamanca, mientras Pablo Iglesias "profanará" el miércoles en Valladolid el centro cultural Miguel Delibes, escenario predilecto de un PP que en esta campaña ha convocado sus actos electorales en recintos de capacidad notablemente más reducida.
 
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