OPINIóN
Actualizado 24/09/2015
Abel Sánchez

La actuación de los gobiernos y de las instituciones europeas, ufanos por haber firmado un acuerdo para proceder a la acogida de 120.000 personas que huyen de las guerras que asolan varios paises, y principalmente Siria, produce sonrojo y vergüenza.

   Después de perder un tiempo valiosísimo, de ser incapaces de dar una respuesta a quienes sólo buscan escapar de la violencia máxima de la guerra, se sienten orgullosos de ser capaces de acoger a 120.000 personas; no en cada país, sino en el conjunto de la Unión Europea, en la que vivimos 500 millones de personas. ¡Menudo esfuerzo!, llegamos al 0,024% de la población. Presumimos de solidarios y somos unos miserables; países pequeños y pobres como Líbano y Turquía acogen a millones de refugiados de conflictos bélicos y nosotros seguimos creyendo que somos el ombligo del mundo.

   ¿Qué significa acoger a 120.000 personas refugiadas, que reúnen todos los requisitos para acceder al derecho de asilo regulado en las normas de derecho internacional?. ¿Qué haremos con el resto? ¿Utilizaremos la fuerza para impedir su entrada en Europa? Como si se pudiera matar a un muerto. ¿Construiremos muros y vallas en todas nuestras fronteras? Como si existieran vallas capaces de contener a la desesperación. ¿Aplicaremos penas de cárcel a quienes entren en Europa? Así convertiremos a Europa en una gran cárcel.

   Por si fuera poco permitimos que hablen en nombre de Europa gobiernos fascistas como el de Hungría, que repugna a cualquier persona con una mínima sensibilidad. Pobre Europa, la otrora orgullosa defensora de los derechos humanos ahora sólo sabe hablar de números y de dinero, se ha quedado sin alma; quienes advertíamos hace tiempo que no estábamos construyendo la Europa de los pueblos sino la Europa de los mercaderes, y éramos tildados de iluminados, nos quedamos cortos; esto es repugnante.

  Y para repugnantes las declaraciones de Felipe González, que para criticar al gobierno venezolano (gobierno elegido democráticamente por la mayoría de la población que vota de forma periódica) ha llegado a decir que un sujeto como Pinochet respetaba más los derechos humanos que el gobierno venezolano. Me he quedado sin aliento; ciertamente poco podía esperarse de quien realizó traicionó en tantas ocasiones a su pueblo, y de quien sigue hablando en nombre de una supuesta izquierda mientras hace el trabajo sucio de los peores explotadores, pero llegar al límite de ensuciar de esta forma la memoria de Allende, de Víctor Jara, de los millones de personas víctimas de las terribles dictaduras de América Latina va mucho más allá de lo imaginable. Que este tipo se atreva a hablar de la sensibilidad de Pinochet por los derechos humanos y su partido le aplauda y le siga paseando en sus mítines y aclamando, solo pone de manifiesto el fango en el que se encuentra el Partido Socialista y sus cobardes dirigentes.

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