OPINIóN
Actualizado 28/08/2015
Marta Ferreira

Y casi sin quererlo estamos en el último suspiro de agosto. El verano se marcha y si bien no lo apreciamos en las temperaturas, muy calurosas aún, sí que lo percibimos en el atardecer, cada día más temprano, que anuncia la inevitable llegada de septiembre.

Han sido meses muy calurosos, días en que incluso era complicado lidiar con el calor y completar una jornada de trabajo sin sufrir, pero con el consuelo de disfrutar de noches casi eternas y de luz natural hasta bien entrada la noche. No es el verano la estación más romántica ni la más nostálgica, pero es la de la vida, la de las noches sin fin y la alegría en la calle, la de los niños y los mayores, es la estación de todos y para todos, la de muchos reencuentros familiares y reuniones que no tienen que precipitarse porque todos podemos permitirnos olvidar las agendas y los horarios para vivir sin más.

Verano y vacaciones están inevitablemente  unidos, los asociamos casi sin querer porque quien más quien menos intenta apartar y disfrutar de unos días de ausencia de obligaciones y tiempos, y esos instantes los guardamos inteligentemente en la memoria para soportar los venideros días de preocupaciones, responsabilidades y trabajo.

Si hay algo que guardo en mis recuerdos y espero encontrarme al volver cada verano a mi Plaza Mayor es la tuna. La tuna me sabe a verano, me huele a noches eternas y mañanas sin despertador, me anuncia días de paz y alegría e ilumina mis noches de verano en la ciudad.

Habrá quien piense que la tuna es de otra época, que no va con la vida de hoy en día pero yo no lo creo. Canta a la vida, a la alegría, a la tristeza, al amor, al desengaño, al ayer y al mañana? canta para mí y para ti, para el entusiasmado niño de tres años que no entiende lo que es y sin embargo lo disfruta, para el anciano a quién se le ilumina la mirada y al que traslada a una juventud que ya pasó pero que por instantes recupera, canta a la pareja que planea lo que aún está por venir y ven reflejadas en algunas letras su historia de amor naciente?La tuna es uno de los mayores regalos de las noches de verano y me es casi imposible pensar en ellas si no vienen engalanadas de caballeros vestidos de negro con sus bandurrias y guitarras, con su alegría y su juerga?

Siempre habrá noches de verano, las habrá con tuna o sin ella, pero jamás la noche de verano será completa si le falta la banda sonora con que la tuna le obsequia.

     Marta FERREIRA

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