OPINIóN
Actualizado 09/08/2015
José Luis Puerto

En esa ebriedad colectiva en la que se convierte el mes de agosto, la fiesta se constituye en la manifestación más significativa de ese estado vacacional del verano, tanto con sus ritos sagrados, como profanos.

   Las vivencias campesinas de religiosidad popular, que se pueden rastrear de un modo privilegiado a lo largo de este mes, encuentran en el culto a la Virgen María uno de sus motivos más importantes. El pueblo español ?lo han dicho no pocos antropólogos y etnógrafos? es muy pragmático en sus vivencias religiosas, ya que las utiliza para pedir, sobre todo, bienes tangibles, como la salud, la fertilidad de los campos, así como la fecundidad de los ganados y de los seres humanos.

   Se trata de una religiosidad popular muy poco idealista y nada metafísica. Nuestras gentes se han acercado tradicionalmente a lo sagrado para pedir esos dos tipos de bienes que acabamos de indicar: la salud y la producción de los frutos y de los ganados, para que la vida pueda continuarse.

   A lo largo del mes de agosto, tanto en la provincia salmantina, como en todos los ámbitos peninsulares, se producen continuas manifestaciones populares de mariolatría, de culto efusivo e intenso en torno a la Virgen María, porque se trata de una cristianización de la madre tierra, de la matriz universal, de donde toda la vida procede. Y es que la petición de la multiplicación de la vida es algo importantísimo para el pueblo.

   A mitad de mes, la Asunción de la Virgen, celebrada como fiesta patronal en tantísimos pueblos, es el culmen veraniego de cuanto venimos diciendo en estas líneas. Pero antes ya ha habido otras fiestas marianas muy significativas, como, por ejemplo, la de la Virgen de las Nieves (5 de agosto), que, por ejemplo, en Mogarraz, es todo un paradigma de la tipología de lo que es la fiesta patronal en la Sierra de Francia.

   También a mitad de agosto, en el santuario de la Virgen de Valdejimena, en el término municipal de Horcajo Medianero, hay un día de fiesta muy significativo, con una procesión en torno a la edificación del santuario (verdadero rito de circunvalación), en la que se danza ante la imagen mariana al son de la dulzaina y el redoblante. La de Valdejimena es tenida por abogada contra la rabia, causada por perros malsanos, y su devoción, en el pasado, estuvo extendidísima por todo el ámbito peninsular. Ya el dieciochesco P. Feijoo, en uno de sus discursos del Teatro Crítico Universal, pone en solfa tales creencias. Pero su popularidad fue tal, que hasta los ciegos, de pueblo en pueblo, iban con sus pliegos sueltos y con sus cantinelas entonando milagros de la Virgen de Valdejimena a persona atacadas por los perros, que a ella se encomendaban o que rezaban ante su estampa.

   Tal mariolatría, que en agosto tiene, en la provincia salmantina, no pocas manifestaciones, culminará el día 8 de septiembre con la fiesta de la natividad de la Virgen y que tiene, tanto en la capital como en la provincia, hitos tan importantes como los de la Virgen de la Vega y la de la Peña de Francia.

   Mariolatrías. A lo largo del verano y, particularmente, del mes de agosto, pueden advertirse no pocas pervivencias de unos cultos tradicionales campesinos, que tienen la figura de la Virgen María como centro, que, pese a la emigración y a la secularización de la cultura y de la vida, no han dejado de prender, a su modo, hasta en las gentes más jóvenes.

   Nos acordamos siempre de Santa Bárbara cuando truena. Lo mismo pasa con una religiosidad popular como la española, es eminentemente pragmática y nuestras gentes, cuando se dirigen a la Virgen, en estas intensas manifestaciones mariolátricas, es para pedir salud, fertilidad, fecundidad y, en definitiva, una vida segura, lejos de cualquier amenaza.

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