Después de dar tanta vuelta a la cuestión, va el Supremo y dice lo que todos sabíamos, lo que todos esperábamos. Los jefazos no son corruptos, sólo prevaricadores. Son personajes de esos que moraron para otro lado cuando estaban obligados a mantener la diligencia.
Después de marear tanto las dimisiones y las responsabilidades, va el Supremo y dice que los sienta en el banquillo, porque estaban obligados a cuidar con celo aquello que no era suyo, sino nuestro.
Después de dar tantas vueltas a pactos y componendas, va el Supremo y dice que hasta aquí, que ya está bien de mirar para otro lado seas Presidente autonómico o seas magistrado.
Los "expresis", al banquillo. Los magistrados, a juzgar desde su sillón. A juzgar y a hacer justicia, que es lo mínimo que esperamos.