OPINIóN
Actualizado 12/04/2015
Uva de Aragón

"Emilio, rellénanos los vasos", reclamó Mario mientras discutíamos sobre los beneficios de tener una monarquía en España. Es ésta discusión añeja a la que no acierto a pillar el punto, porque debatir sobre la nada siempre me ha resultado inoperante y cansino.

De inmediato salieron a relucir los días de aquel 23 de febrero, en la prehistoria de la democracia actual (sic), y trataron de vendernos el papel protagonista de su majestad. "¿Y qué? -dije yo- ¿A qué viene tanto bombo? ¿No era el rey? Entonces no hizo más que cumplir con su deber, como cuando un barrendero deja impoluta la acera  de enfrente". Y se armó la zapatiesta. Que si no respetas nada, que de no haber sido por Juan Carlos?

A su majestad (al anterior a y la presente) nos lo impusieron. No hubo debate, no ha vuelto a haberlo. Lo votaron nuestros padres o nuestros abuelos? Y han cambiado tanto las cosas?

¡Un Jefe de Estado! Vale, sí. ¿Para qué? ¿Para cumplir el dictamen del Presidente de turno? ¿Para no salirse del guión que le marca el parlamente de turno? ¿Para ser marioneta de Presidentes y mayorías absolutas?

Me quedo con el comerciante de la esquina. Trabaja más, me sale más barato y hasta me cae mejor.

Siento ganas de pedir otra ronda y otra y otra más. A ver si así se me anestesia la conciencia y me permite relajarme, alejarme de tanta monarquía. Aproximarme, aunque sea en sueños a otro 14 de abril.

Qué bien me suena. Qué bonito sueño.

"Emilio, rellénanos los vasos", reclamo con una sonrisa en el corazón.

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