OPINIóN
Actualizado 23/01/2015
M.F./S.G.

Ya he comentado, en alguna ocasión, que la única prensa que leo es la de la calle. Y, esta mañana, paso el semáforo y mis ojos se enfrentan con el titular de la tienda de la esquina que, con letras de titular, dice: "Liquidación total por cierre". Me quedé así, en un ser, como quien se encuentra, de improviso, con un soplamocos.

Y seguí leyendo el resto de la plana y, en letra cursiva, escribía el autor: "zona peatonal", como cabecera de un tiesto con un ciprés que prohíbe el paso a lo rodado.

Todos estos anuncios me invitan a la reflexión y me llevan al convencimiento de que la peatonalización de las calles es buena cosa, es buen acierto, porque, a menos vehículos en nuestras calles, menos contaminación, se consigue un aire más respirable, más saludable y más sano y, por lo tanto,  una garantía de mejor salud y menos riesgo a jugar una mala pasada a los pulmones. Toda una ventaja esto de la peatonalización, que llena de facilidad el paseo y el recreo de tomarse un café en tertulia con tu familia y amigos al amparo del cielo abierto.

Esta medida concejil contrasta con otra noticia que escuché, mientras me ponía la gorra para salir: "En el hospital de Salamanca, se va a reducir casi un centenar la plantilla de sanitarios, y esta disposición, sin duda, va a mejorar la atención al paciente enfermo". No lo entiendo, por un lado, se quiere prevenir la salud del ciudadano con la limitación de la presencia de los vehículos en nuestras calles; y por otro, al ya enfermo, se le somete a la aventura de que se las arregle como pueda ante su enfermedad hospitalaria, o al menos, que se exija a la familia que, día y noche, sustituta al servicio ordinario del hospital.

Y con esta noticia y la limitación total me introduje en la calle. Caminaba masticando la palabreja recortes. Y vi como las tiendas de todos los surtidos de la calle también sufren recortes: recortes, que son cierres.

Desde que se privó a los coches transitar por ella, se han cerrado siete negocios y otros dos muestran un cartel con "liquidación total por cierre". Y es normal que esto ocurra en la situación en que vivimos o nos someten los señores de la cartera: si te recortan en todo y por todo, no puedes consumir y, si no gastas, el pobre tendero tiene que echar el cierre, porque debe de ser muy aburrido mirar a través de los cristales del escaparate a los transeúntes, que van y vienen sin detenerse, salvo, excepciones.

Y también uno de los objetivos, que se lucieron, para limpiar las calles de contaminación, fue el estimular, promocionar y potenciar los negocios familiares. Y ya veis lo que ha sucedido con mi calle. Lo que ponen de manifiesto estos hechos, es que nuestros comerciantes necesitan otros alicientes: por un costado, financiación, crédito fácil y sostenible; y, por el otro, consumo, y para lograr este propósito, hay que apostar porque los sueltos de los usuarios sean dignos, y, a la vez, evitar que se les siga trabando las ruedas con obstáculos, como el de que el propietario del local pueda aún subirle más el alquiler

¿Queda aún algún ciudadano de bien sin vapuleo?   

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