OPINIóN
Actualizado 21/01/2015
Juan Antonio Mateos Pérez

Las Villas y Salamanca llevan en el corazón al religioso dominico, un hombre a pie de calle, un ciudadano comprometido, un profesor abierto a la realidad, un cristiano samaritano

Hace tres años que se apagó tu voz pero no tu palabra, Bernardo. Todos la recordamos viva y fructífera en el devenir de nuestra vida, como recién explicada,  para que nazcan nuevas rutas en nuestra búsqueda de Dios, en la búsqueda de la dignidad del hombre. De la palabra arranca toda la estructura del ser humano, pero cuando nos encontramos con el "otro", se convierte en realidad bifacial, como un doble pulso del corazón. En el encuentro con el "otro" descubrimos que no hay caminos sin caminantes que nos acompañan y tú Bernardo, fuiste uno de ellos. Tu palabra se convirtió que acción creadora y desveladora de la búsqueda del misterio, del sentido de la existencia encarnada en un hombre libre de Nazaret. En ella no sólo nos elevaste a la búsqueda Dios, sino que nos confirmaste en nuestro ser de personas. En tus clases como profesor de Ética, en tu vida como pastor y acompañante de las parroquias de las Villas, en tu profunda fe y carisma dominicano, en tu compromiso social con los más necesitados y en el testimonio de tu muerte, te nos diste como un regalo que se deslizó en nuestros corazones para descubrir esa presencia silenciosa que llamamos Dios.

Qué no nos rinda tu muerte, Bernardo.

Ni el olvido

Si acaso sólo el llanto?.

Quintín García

Permítanme que les presente fray Bernardo Cuesta, dominico y nuestro querido profesor de Teología Moral en la Pontificia Facultad de Teología de San Esteban y secretario de la misma. Muchos alumnos no sólo tuvimos la suerte de tenerle y disfrutar de sus clases, sino compartir con él sus proyectos en la ONG Acción Verapaz, de la que fue uno de sus fundadores. Ejerció el carisma dominicano de la predicación en la zona rural de Villas, fundando con otros seis frailes dominicos, la comunidad de integración pastoral Virgen de la Vega de Babilafuente. El objetivo era traducir el mensaje del Reino y  la buena noticia liberadora de Jesús en los nuevos campos renovadores que proponía el Concilio Vaticano II, como una nueva forma de ser de la vida consagrada. Después de muchos proyectos realizados y acabados, de una acción fructífera de realización evangélica que vivía en primera persona, fallece el 20 de enero de 2012, después de una larga enfermedad, rodeado del cariño todos los que le rodeaban. Así lo decía en sus últimos momentos, me siento rodeado del cariño de todos, y eso me emociona. Recordar a su hermana Esperanza que le cuidó y estuvo con él en cada momento de la enfermedad, a su familia, a sus hermanos dominicos, a los feligreses de las Villas que tanto quería y sus alumnos con los que tanta paciencia tuvo.

Qué no nos rinda tu muerte, Bernardo.

Ni el olvido

Si acaso sólo el llanto?.

No hemos cerrado el balcón de tu habitación para,?, que sigas oyendo también, como si no te hubieras ido, las correrías de los niños que pasan por debajo estrenando la vida?

 

Todavía resuenan en nuestro corazón y nuestra cabeza, tus últimas palabras llenas de vida y esperanza, no se

apagó la luz y el eco de esa vivencia profunda que nos dejaste en tu testamento: ?Doctor esto se acaba, este cuerpo no aguanta más, estoy en paz. No tengo miedo a morir, estoy en las manos de Dios... La enfermedad ha sido una escuela...He sido feliz? Quiero morir con la misma dignidad con la que he procurado vivir... Siento a Dios, hermana, pero sigue en silencio. Como ves Bernardo no sólo eran tus clases enriquecedoras, también tu vida. No sólo nos ofrecías de tu saber y pensamiento, nos dabas parte de tu felicidad y esperanza para vivir como hermanos alrededor de una mesa compartida. Tu pedagogía de la comunicación, de la solidaridad y la justicia, se deslizaban en tus clases como una fuente de inteligencia subterránea. En ellas, en el rostro de la persona sufriente, nos presentabas a un Dios que está ahí detrás, a la vista. Nos hacías profundizar en los problemas de la ética y la bioética en toda su complejidad, no como un conocimiento más, sabiendo que detrás de cada uno hay un ser humano. No podemos por menos Bernardo, que con temor y temblor, releer y recordar tus momentos últimos que fueron la culminación comprometida a la Buena Noticia y la construcción del Reino de Jesús en tu vida de fraile, sacerdote y maestro. En esas últimas palabras tuyas, ya apareces libre, reconciliado y transfigurado, ligero de equipaje, habitando ya las tierras del misterio y sintiendo con la mirada del Padre.

Qué no nos rinda tu muerte, Bernardo.

Ni el olvido

Si acaso sólo el llanto?.

 

Quisiera tomar algunas de tus palabras de tu libro póstumo, Rutas para el camino. Siguiendo la estela del reinado de Dios que anunció Jesús no sólo como una realidad futura y de denuncia del pecado, sino como una buena noticia de Dios ya presente en nuestro mundo con el poder de su amor y  que nos invita a descubrirle y vivir desde esa realidad. La presencia amorosa del Reino, a veces invisible, como un grano de mostaza o una perla escondida, nos invita a la conversión, a profundizar en nuestra fe y una llamada al compromiso. Ese descubrimiento sitúa al creyente en un horizonte nuevo de confianza y de libertad, donde merece la pena vender todo lo que uno tiene. El Reino de Dios, convertido en absoluto para el creyente radicaliza su compromiso y configura un talante moral. Permíteme Bernardo que utilice mis propias palabras para expresar tus pensamientos y los compromisos que nos propones en el descubrimiento de esa presencia amorosa de Dios. Ese compromiso, nos recordabas que no viene impuesto desde fuera, brota del interior de la persona como respuesta a la gracia y al amor. Insistías en que había que tener capacidad reflexiva y crítica para descubrir esas fuerzas contrarias al ideal de justicia y fraternidad por Dios, y coraje para enfrentarse a ellas. La construcción del Reino, comporta construir nuevas relaciones con la realidad y con los demás, preñadas de desprendimiento, libertad, servicio y amor. Subrayabas que teníamos que recuperar una moral de la felicidad, entendiéndola no sólo como una conquista del hombre, sino como un regalo de Dios. Así son las bienaventuranzas, un regalo y una tarea no sólo encarnada en el mundo, sino como una apertura profunda a la transcendencia. Recuerdo tus avisos últimos: No es posible creer en Dios que se ha hecho hombre, sin no trabajamos por un mundo más humano y más liberado. No es posible creer en Dios que se ha hecho hombre si no luchamos por la dignidad y los derechos de la persona. No es posible creer en Dios que se ha entregado hasta la muerte, si pasamos por la vida sin hacer nada por nadie. No es posible creer en Dios que se ha hecho solidario, haciendo una vida individualista y egoísta, ajena a los problemas de los demás. No es posible creer en Dios que busca al hombre para un futuro de justicia, liberación y amor, sin hacer nada ante una situación actual tan lejana todavía de esa meta final.

Qué no nos rinda tu muerte, Bernardo.

Ni el olvido

Si acaso sólo el llanto?.

Qué no nos rinda tu muerte, Bernardo.

Ni el olvido

Nos seguimos viendo en el recuerdo?

?Hasta la Amanecida?

Quintín García, "Contra el olvido" en Rutas para el camino.

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