OPINIóN
Actualizado 06/01/2015

Opiniones y pensamientos.

A lo largo de la historia podemos comprobar que lo mejor de todas las artes está dedicado a la Divinidad. En el culto cristiano algunas artes, en un principio excluidas, como la danza o la música instrumental, se fueron incorporando progresivamente. No hace mucho pude asistir en una población salmantina a una danza oriental en el ofertorio de una misa. Los famosos Seises de Sevilla son otro ejemplo muy conocido. Cuando el tiempo u otras circunstancias han deteriorado muchas obras artísticas, sobre todo en las artes plásticas o la arquitectura, se han buscado los medios para restaurarlas convenientemente. Sin embargo en la música, la más espiritual de todas las artes, ha sucedido, dentro del culto, justamente todo lo contrario: se ha olvidado lo mejor de la música religiosa en favor de un populismo musical muchas veces lamentable. La música culta religiosa ha quedado para los conciertos o para momentos religiosos muy puntuales con intérpretes y coros bien preparados. De ordinario en las iglesias se escucha música de cierta calidad, pero interpretada por coros parroquiales sin ninguna preparación, con unas guitarras o un organista aficionado. En una importante y céntrica iglesia salmantina pude escuchar recientemente la terrible voz, por no llamarla de otra forma, de una señora que anulaba al resto del coro parroquial e incluso al organista.Según su propia declaración, viene haciéndolo así desde hace décadas. Los sufridos pa
rroquianos lo llevan con resignación o quizá como una penitencia. Lo peor es que los párrocos lo toleran estoicamente en función de unos supuestos derechos adquiridos por la susodicha "diva".Es cierto que hace unos cincuenta años había en casi todos los seminarios una buena formación musical a cargo de profesores cualificados. Yo mismo di clases de música en la Universidad Pontificia, durante un curso, a estudiantes de Teología. Ignoro si hoy día los escasos seminaristas reciben alguna formación musical.Lo cierto es que algunos sacerdotes son incapaces de entonar con buena afinación los cantos de la liturgia. En los últimos años se han restaurado con gran esfuerzo económico, aunque no siempre con acierto técnico, algunos órganos históricos de nuestra comunidad; pero luego no se les ha dotado de un buen organista, que los hay bien formados en nuestros conservatorios, para mantenerlos en uso permanente. Han quedado, en general, para dos o tres conciertos puntuales al año. Otro tema importante es el olvido en que han caído las obras para este instrumento realizadas durante la primera mitad del siglo XX por grandes compositores-organistas españoles generalmente religiosos. La iglesia española tristemente los ha olvidado. Mientras se programan sucesivas Edades del Hombre para las artes plásticas religiosas, sigo sin recibir contestación a mi propuesta de unas Edades del Hombre dedicadas a la Música religiosa injustamente marginada.Esperemos que, algún día, alguien piense en recuperar tanto patrimonio musical, si no perdido, olvidado, y vuelva a nuestras iglesias una música religiosa de calidad para honra de Dios y salud espiritual y mental del pueblo cristiano.Amén.
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