SOCIEDAD
Actualizado 13/12/2014

Perú y el boom de la construcción

Al leer hace tres días que había aumentado la salida de españoles hacia otras latitudes con el fin de buscar trabajo y una mejor vida, me puse a revisar los periódicos pasados para reconfirmar lo que estaba leyendo; a veces no crees lo que ves... Así, leí en El País: "La juventud española está entre las más pesimistas de Europa sobre su futuro laboral, piensa que vivirá peor que sus padres y más de la mitad planea mudarse a otros países en busca de trabajo. Este es, a grandes rasgos, el diagnóstico que se extrae de la macroencuesta realizada por el Instituto para la Sociedad y las Comunicaciones de Vodafone en seis de los países más importantes de Europa (Reino Unido, Alemania, Italia, Holanda, República Checa y España) con más de 6.000 entrevistas a jóvenes de entre 18 y 30 años.

Los jóvenes españoles, junto con los italianos, son los que menos confianza tienen en su país a la hora de buscar un trabajo. Tres de cada cuatro considera que hay mejores oportunidades laborales en el extranjero (especialmente en Europa) y un 58% planea irse de España en busca de una ocupación. La cifra contrasta con la de Alemania, en el que solo el 21% de los jóvenes elegirían trasladarse al extranjero para trabajar. La actitud favorable hacia la emigración no se corresponde con la actual situación, en la que solo uno de cada cuatro jóvenes españoles manifiesta haber vivido en otro país". (El País 24-11-2014)

Seguí rebuscando hacia atrás y más de lo mismo: "La crisis ha convertido a España en un país menguante. Llegó a ser el segundo Estado del mundo que más inmigrantes recibía ?sólo por detrás de EE UU?, pero la alta tasa de paro ?un 24,4%, la segunda más alta de la UE? ha dado la vuelta a la tortilla: desde 2011 ya no gana habitantes, los pierde a miles. Se vuelven resignados a sus países los extranjeros que llegaron en la época del boom del ladrillo, los que siempre encontraban trabajo en la construcción o en esos puestos que los autóctonos no querían; los que fueron trayéndose poco a poco al resto de su familia y vivían en casas que compraron gracias a los préstamos que ?entonces sí? repartían con alegría los bancos y cajas españoles. Pero se van también los españoles, muchos de ellos altamente cualificados que, hartos de enviar currículos que nadie lee a empresas en las que nadie contrata, han optado por probar suerte en otro país, es decir, repetir lo que ya hicieron sus padres o abuelos entre los cincuenta y los setenta, durante la dictadura franquista". (El País, 22-10-214)

Es evidente que si hacemos una radiografía de la actual situación económica, social y política de nuestro país, el diagnóstico no es nada alentador. Y si miramos hacia el futuro la incertidumbre cercena cualquier atisbo de mejoras considerables a corto plazo. A nadie se le escapa que el 25% de desempleo ha contribuido a que empresas y personas hagan las maletas para buscar nuevos horizontes en Europa, Asia o Latinoamérica.

Hace poco tiempo estuve en Perú y ya en el viaje de regreso a España sin planificar, porque si lo hubiera hecho no saldría tan bien, tuve como compañera de asiento a una de esas jóvenes españolas que residen en Perú. Una vez me informé que se encontraba trabajando en este país, la bombardeé con una serie de preguntas sobre la colonia de jóvenes españoles que han emigrado en busca de trabajo. En este caso su residencia en el país andino se debía a que la empresa en la que trabajaba en el País Vasco ha abierto una sucursal en Lima, como muchas que han llevado sus negocios a Perú. No era mera curiosidad sino una especie de preocupación por la situación de los jóvenes.

Mi joven amiga me contó que le encantaba su nuevo país de residencia y que tenía una vida holgada, ya que la empresa para la que trabaja, dedicada a la venta de aparatos de aire acondicionado, había encontrado un excelente mercado para su producto. Entre sueño y sueño me fui informando que en Perú también se está dando ese "boom" de la construcción por el que nosotros ya pasamos y que se levantan casas y edificios como churros a precios que suben también. No nos extrañe que lleguen arquitectos e ingenieros, según me comentaba la joven, y tengan una colocación asegurada, ya que sus servicios son muy solicitados con el auge del ladrillo.

Mientras me decía que le encantaba la comida peruana pero que seguía añorando el pan que se hornea en España y que no hay otro igual, vinieron a mi mente los recuerdos de tantos latinoamericanos que llegaron a España con la ilusión de vivir más dignamente como se vivía en este país. Pero la burbuja inmobiliaria acabó con sus sueños y hoy vuelven a sus países, muchos con las maletas vacías y la autoestima por los suelos, ya que tener que dar explicaciones no es nada fácil.

Quizás recién valoro a toda esa gente que no dudó en realizar los duros trabajos que nadie quería afrontar, que se encariñaban con los ancianos y niños como si fuesen de su propia familia. Que los lloraban cuando fallecían y acariciaban sus soledades. La "burbuja inmobiliaria" les robó los sueños.

Vuelvo al avión donde le pregunté a mi compañera de asiento sobre si en Perú planeaba una burbuja similar, a lo que me comentó que temían algo así pues también la corrupción planeaba en todas las instancias. Las dos comentábamos nuestro temor de que algo así sucediera ya que sería terrible que los que ahora se encuentran gozando de cierta estabilidad en el país andino tuvieran que regresar aquí donde el panorama no muestra muchos indicios de mejoras. Lo siento, no presento números, pero sé que las ayudas a los dependientes merman, los médicos, merman, las becas de comedor merman, aumenta la precariedad laboral...

¿Quién no siente como hijos suyos a los jóvenes que se despiden dejando el terruño? ¿Quién no siente que los estudiantes se desanimen al ver cómo está el mercado laboral? ¿O que se pierdan en la nada porque no ven ni una pequeña luz allá en el horizonte? Espero equivocarme en todo lo que aquí escribo.

Como dice un poeta al que admiro mucho: "Todos vamos en un mismo barco / que sube y baja con la marea. // Por el oro no te envanezcas, / que bien puede faltar mañana".

Sí, puede ser que mañana Perú no sea tan atractivo para desplazarse hasta allí. Pero no todo son prosperidades, pues en este país las diferencias de clases todavía no han desaparecido; aún tenemos que organizar mercadillos solidarios, como el que se cierra mañana domingo en el Pº de la Estación, que intenta arañar como sea unos euritos para colaborar con una ONG que trabaja con niños en situación de exclusión en la ciudad de Huaraz. Y no nos olvidamos de la problemática de muchos niños de Castilla y León o de Extremadura, Andalucía, Canarias... que pueden no tener comida cuando en estas navidades se cierren los colegios donde estudian.

La pobreza no tiene nacionalidad, ni las ayudas tampoco. Si alguien ha leído la parábola del Buen Samaritano, lo entenderá perfectamente.

Jaqueline Alencar Polanco

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