OPINIóN
Actualizado 16/09/2014
Charo Alonso

No vean como me va a mí la divergencia, que no la convergencia ni la unión, esa que no hace la fuerza, sino el ridículo más espantoso con amantes despechadas, bolsas de basura llenas de dinero a Andorra y V gigantes que me recuerdan series de televisión de ratas y extraterrestres. No, divergencia es lo mío desde que trabajé en un pequeño instituto rural donde nos sentábamos a la mesa del claustro un dirigente de la CNT y buena parte del cabildo formado por concejales del PP y del PSOE? y vaya, que se discutió mucho, pero nunca de política y jamás a voces, y ríete tú del talante y hasta del talento.


Aquí me tienen, recordando esos buenos tiempos cuando no sé si inclinarme por las ansias soberanistas catalanas y escocesas, los degüellos en directo de una panda de criminales, los pitos a Casillas o los retoques de las portadas del Hola. Y claro, como ustedes me conocen bien, dilectos lectores, se imaginarán que me inclinaré al ridículo nacional de retocar lo obvio, buena prueba de que los banqueros son malos y la sociedad les pervierte, o que se puede meter en el mismo saco a Podemos y al PP y no morir de la vergüenza. Está la cosa muy entretenida y lo mismo me dedico a Contador que a Simeone en la grada comiéndose las uñas, porque he decidido que lo mío es el fútbol. Ahondando en la divergencia, los abuelos del Pollo pera son del Barça hasta el infinito y más allá, pero el pequeño les ha salido colchonero y tiene el cuajo de ponerse la equipación oficial y marcharse a ver el Derby al bar familiar con dos pelotas, digo balones. Y todavía no tiene tres años la criatura, es decir, que ya nos da lecciones de convivencia democrática.


El asunto se las trae y eso que no incluyo ni las broncas ucranianas ni las baladronadas rusas. En el fondo esto de la política internacional es un juego de equilibrios económicos e hipocresías varias, y la nacional, un patio de escuela donde hay que decir la tontería más grande para que el personal se interese un poco por políticos con sueldo descansado mientras los demás nos buscamos la vida con resignación y esfuerzo. Tanto nos interesa el asunto que aquí nos tienen, riéndonos de la portada esta medio irreal donde dos mujeres se prestan al ridículo más espantoso. Una cosa es estar divina de la muerte y otra tener un pacto con el diablo de los retoques informáticos, ese que parece adorar a este tipo de mujeres cuya misión en la vida ha sido dar portadas por sus evidentes logros tales como tener parejas con posibles y hacer un recambio mucho más solvente. Ninguna de ellas va a pasar a la historia, pero ni falta les hace, ellas están estupendas y ahí las tenemos, eternas e inmutables, esencia de nuestra diario devenir que tanto cansancio nos da a los demás, aquellos que vivimos a toda prisa y con todo el trabajo del mundo. Ni nos da tiempo a alicatarnos ni a dedicarle mucho tiempo a darle vueltas al soberanismo y a las alianzas postelectorales. Bastante tenemos con llegar a todo y apartar la vista de las imágenes que nos muestran la barbarie. Si es que al final hay que agradecerles a estas dos memas que sean tan ridículas y tan divinas? cualquiera las ve en la intimidad, qué miedo enfrentarse a la realidad tal cual es, esa que vivimos usted y yo, querido lector.

 

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