FERIA DE SALAMANCA
Actualizado 16/09/2014
Marco A. Hierro (cultoro.com)

Oreja para Hermoso y ovación para Morante en tarde limpia de Manzanares

El titular de estas líneas es incuestionable. Tendemos a vestir la genialidad de otras virtudes bien vistas en una sociedad que trabaja para vivir y comparte más penurias que alegrías con el vecino de al lado, que también busca que le toque la lotería porque sabe que de un sueldo nadie se hace rico. Queremos ver honradez, fidelidad, lealtad y hasta compañerismo en las actitudes del genio, valores que jamás tendrá porque el genio es egoista, autodestructivo y hasta un poquito mamón. Pero es un genio, y se lo perdonamos porque la genialidad nos enamora. Para justificarnos, lo vestimos de honradez.

Eso no es malo, siempre que sepamos valorar que la genialidad no suele llegar a la hora señalada, sino a la menos pensada. Como necesitamos que esté con el capote liado a la hora en punto, intentamos convertir al genio en un señor honrado, y es cuando el genio -que lo será siempre- se deja de comportar como tal. Cuarto y mitad de todo esto le ocurre a Morante 25 de las 30 tardes que torea al año. El genio de la Puebla sólo vale para hacer el toreo o no hacerlo; cuando lo intenta se transforma en honrado torero mortal que le pega pases a una mesa a base de entrar y salir, provocar la arrancada y trazarla bien compuesto y con oficio, con el sello personal que queda del genio que lleva dentro. Hoy le pegó siete naturales al quinto de ralentizado pulso con superclase, y eso fue meritorio, pero no genial. Sólo en los cuatro lambrazos y medio con que se encajó de riñones con el primero asistió al festejo la varita de Morante, que ahora le valen más toros para cortar más orejas, pero ¿cuándo necesitó José Antonio despojos?

Tampoco precisa de ellos Manzanares, que desorejaba el pasado año un toro con menos incluso de lo que se ha visto hoy, pero esta tarde sonaron pitos. Sonaron con una faena de tremenda facilidad para usar los vuelos, dispararlos sin mácula y ligar tandas con precisión matemática, con bello embroque y con más ajuste, incluso, que en sus ocho o nueve últimas actuaciones. Toreó erguido el alicantino, encajó el riñón y hasta le ligó las tandas a la docilona y almibarada embestida del sexto, que fue el que se olvidó la emoción en la dehesa, pero fue Manzanares quien recibió los silbidos. Hubiera entendido un silencio en una plaza que hoy recibió un aguacero y la incómoda molestia de la humedad, pero hoy perdieron la razón las exigencias de estos días.

Exigencias debe tener muchas un torero a caballo entre dos figuras poblando el cartel. Fue tarde de apreturas y de apuesta para Pablo Hermoso de Mendoza, pero pareció La Glorieta aplaudir por compromiso la importante actuación con el cuarto montando a Disparate. Tal vez no se comprendió que le tocase la grupa al jaco el toro de doble velocidad, al que tuvo que galoparle hasta conseguir el temple. Quizá se entendió algo más fácil que le limpiase la cola el belfo al ejemplar de Capea mientras le cambiaba los trancos y le ganaba por adentro. O quizá le penalizaron que no cayese reunido el par de exposición a dos manos mientras montaba a Pirata, pero al menos cortó una oreja.

Fue el único trofeo la tarde en que el genio pasó de serlo a verse honrado porque el sistema de hoy te exige que toques pelo, pero aún se acuerda esta plaza de aquellas faenas del 2005 en las que no hubo ligazón, ni reunión ni limpieza, pero fueron la obra de un genio que escribió aquí su historia. ¿Alguien se acuerda de lo que cortó entonces?

FICHA DEL FESTEJO

 

Plaza de toros de La Glorieta, Salamanca. Feria de la Virgen de la Vega, quinta de abono. Dos Toros de Carmen Lorenzo -manso con ritmo el primero; de movilidad y brío el cuarto-, y cuatro de Vellosino -de humillación y empuje hasta el puyazo criminal el segundo, ; noble, obediente y franco sin chispa el tercero; noble y obediente sin raza ni emoción el quinto; docilón y almibarado sin transmisión el sexto-.

Pablo Hermoso: silencio y oreja.

Morante de la Puebla (amaranto y oro): silencio y silencio tras dos avisos.

José María Manzanares (nazareno y oro): ovacion tras aviso y silencio.

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