OPINIóN
Actualizado 06/09/2014
Matilde Garzón

 

En el artículo anterior rescatamos una frase del experto británico Geoff Green: "El envejecimiento es uno de los grandes logros de la Humanidad". Efectivamente, la longevidad es una de las conquistas del progreso humano. Pero la vejez no es un ente abstracto, son millones de personas concretas. Más importante que vivir muchos años es dar vida a los años, que la vida tenga calidad, se viva, se disfrute, no se vejete, no se malgaste. Porque la vida es un don. La juventud más que de los años depende del talante, de la fuerza interior. Hay muchos jóvenes que confunden vida con diversión y se tambalean sin ideales, sin norte. La realidad es que nadie quiere "ser viejo", muy pocos reconocen la riqueza que puede tener esta etapa de la vida y la sociedad la minusvalora y desaprovecha. Porque la gente, también los viejos, menosprecian la palabra que parece proscrita; mayores, tercera edad, son los eufemismos usuales. "Viejo", es un vocablo con solera, pleno de sentido que procede del diminutivo latino 'vetulus', derivado de 'vetus,-eris', cuya raíz indoeuropea *Wet significa 'año'; "Anciano" que tampoco gusta, viene de una palabra del latín vulgar 'antianus' compuesta del adverbio anti- (antes), y el sufijo adjetival -anus. "Mayores" no es pertinente por ser un término comparativo que exige un segundo término de comparación (mayor que?) y "Tercera Edad" es incongruente, no nos sirve para calificar un colectivo que abarca desde la jubilación hasta los 90 o 100 años, que no puede uniformarse. Como numeral ordinal, antes de la tercera edad, habría que hablar de la primera y segunda y fijar los años que atribuimos a cada una. Lo que se llama "tercera había que distribuirla entre tercera y cuarta por lo menos. Esta generación ha olvidado que con la acumulación de años, se acumula sabiduría, experiencia y cordura, y así se entendió en épocas pretéritas. Todavía siguen  prestigiadas  y en uso palabras greco-latinas como señor que por su grado comparativo , senior, significa "más viejo". Presbítero, con idéntico significado, pero ahora se aplica a los sacerdotes aunque tengan 22 años, Senado de 'Senatus', consejo de ancianos, capacitados para aconsejar, veteranía derivado también de 'vetus'? Ahora con nuestra ignorancia y pérdida de valores despilfarramos lo más auténtico y valioso. Sea cual sea la palabra que usemos, es evidente que la sociedad rehúye a los viejos, no se les consulta  ni escucha; no se tiene en cuenta sus dificultades sensoriales para procurar elevar el tono en una reunión, conversación, conferencia,  y así van quedando aislados, sintiéndose "inútiles", poco después deprimidos, inservibles, para acabar dementes. Cuesta reconocer esta realidad que se hace frecuente a partir de los setenta. Paradójicamente los políticos nos aman, nos necesitan, claro está, como votantes, y se vuelcan con nosotros en los periodos electorales. Se habían conseguido importantes logros pero los recortes a la Ley de dependencia, al Sistema Público de pensiones los han tirado por la borda. ¿Qué decir de la SALUD? Es lógico que para esta larga etapa de la vida, la última, la más dura, que afecta al 30%, existan especialidades médicas, pues aparte de las enfermedades propias, las comunes no pueden tener el mismo tratamiento que en otras edades. Gerontología y Geriatría, en muchas ciudades como Salamanca no se ofrecen en los cuadros médicos de la Seguridad Social ni de las Compañías y como consecuencia, pocos estudiantes de Medicina las estudian. En cambio, paradójicamente, con el imparable aumento de población vieja nos hemos hecho muy visibles para la economía. Se han montado pingües negocios de implantes, prótesis de dientes, ojos, oídos, brazos, piernas? que están por las nubes; apenas existen residencias públicas, sí muchas privadas y prohibitivas? El Edificio de La Residencia San Juan de Sahagún, la única pública de Salamanca, lleva 4 o 5 años deteriorándose y cerrando plantas.

¡Ya lo creo que sirven los viejos! Está visto que económicamente son un yacimiento, una mina y en la familia, hacen de "camellos" , de refugio y sustento de los hijos y nietos, parados por el azote de la  crisis. Con exiguas pensiones, hacen milagros, siempre actuando con generosidad.

Lo peor ha sido el erróneo afán de agruparlos en todo lo que se hace, para y sin ellos: excursiones, diversiones, manualidades, bailoteos, muchas actividades, pero apartándolos de la vida social de los demás: jóvenes, maduros, niños; incluso con el conformismo y contento  de muchos, como libertos romanos que antes fueron esclavos. Equiparando la vejez,  con la vuelta a la infancia, se nos ha tratado como niños, sin opinión, como si la vejez en lugar de acumular experiencias, emociones y ensanchamiento cognitivo, barriera la inteligencia.

A Dios gracias, con el advenimiento de esta  Red de Ciudades amigables,  se empieza a caer en la cuenta de que "en todo lo que se ha pensado, escrito y hecho sobre ellos y para ellos, no se ha contado con ellos". Es como un "despotismo no ilustrado".

Cuando lo constaté en algunos artículos que escribí sobre la vejez en El Adelanto, hace varios años, hubo personas que me lo recriminaron. Me costó tener que dejar una Residencia por esta misma razón. No comulgaba con algunas prácticas infantiloides que se hacían para los residentes.

Se han creado actividades para ejercitar la memoria, determinado tipo de memoria, pero no se fomenta la lectura, la reflexión. Los que viven en barrios, apenas pueden asistir o participar en actividades culturales pues en general se celebran en el centro de la ciudad. Y es ¿quién conoce de verdad a los viejos?. Los que se llaman "expertos", tendrán experiencia de la infancia y de la juventud y sin duda habrán estudiado mucha teoría sobre la vejez, pero no tienen experiencia de ella. Como dice el refrán "la experiencia es la madre de la ciencia".

Se empieza a reconocer el error de no haber contado con la opinión de los "viejos" y aunque tarde, lo celebro pues todos antes o después llegamos a la vejez . "El fenómeno del envejecimiento y longevidad creciente de la población española y de muchos otros países, que era previsible y que se lleva estudiando y analizando desde hace décadas, se ha enfocado desde diferentes puntos de vista, tomando a los protagonistas, a los ciudadanos de edad, como objeto de estudio y de aplicación de programas elaborados para ellos, pero sin contar con su opinión. Somos nosotros los que tenemos que plantear desde un principio qué problemas encontramos en nuestra vida diaria en las ciudades, pueblos en que vivimos y lo que es más importante, cómo podemos colaborar para dar una solución a esas necesidades. Es fundamental que los ciudadanos participemos en el diseño de los lugares donde queremos vivir". Y aquí empalmamos con todo lo dicho en el tema anterior de las "ciudades inteligentes", pues "Vivimos en ciudades y pueblos donde nadie nos ha preguntado lo que queríamos. Por eso es importante comprometernos firmemente con el desarrollo de este programa de la Red de ciudades amigables con las personas mayores. Es una oportunidad, quizá, irrepetible". Son palabras de Luis Álvarez, del Grupo de Mayores de Telefónica y miembro del Consejo Estatal de Personas Mayores.

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