Una vieja canción de Nacha Guevara con letra del poema de Benedetti, lo afirmaba con fuerza -¡qué mayor soy!-, en aquellos años 70: ?somos más que dos (lo copiaron un poco miserablemente como título de su disco Ana Belén y Víctor Manuel en 1994). Hay que leer el poma entero y al menos citar los dos versos que se van repitiendo: y en la calle codo a codo somos mucho más que dos.
No sé si acertaré con el tono y con el vocabulario, pero quiero decir algo sobre esto de las elecciones democráticas aunque quizás resulte más improcedente que otra cosa.
En primer lugar, aunque sea algo elemental, no hay gesto ni voto ni palabra ni voto ni susurro ni voto ni voto ni grito ni voto ni protesta ni voto ni nada por pequeño que sea que no tenga, en principio, un valor alto, noble y reconocible. Me refiero al valor político y democrático. Pero hay que unirse a alguna tribu poderosa para que eso sea en parte reconocido, en mínima parte, pero menos es nada. Por eso pudiera ser que en algunas circunstancias el voto sea un acto de resignación. Y a veces lo es.
Además el voto es un derecho de alta estatura, junto a otros decide muchos pasos del futuro que el que vota elige y prefiere. No da igual la dirección de su voto, sabe lo que quiere y pone para ello la parte de decisión que le han concedido. Y así es, hasta vota con expectación y con expectativas casi siempre bastante claras. Lo menos claro es cuando los destinatarios de su voto y dueños de sus expectativas se olvidan de él y se van detrás de sus propios intereses. Y a veces sucede.
No sé si, como la palabra, el voto es un arma cargada de futuro, tengo algunas reservas, pero creo a la vez que cada voto tiene de salida una etiqueta de valor democrático, cargado de razón y de razones. Por eso cada votante es una pieza del puzle de la libertad y de la justicia, puede ser que se rompa el rompecabezas pero ahí quedó su pieza como deber y como derecho. Claro, esto es así en el mejor de los casos y está por ver el porcentaje de casos buenos. Sin duda sucede a veces.
Y llegando más lejos, o quedándome más cerca, según se mire, también me parece interesante considerar otros modos de voto más sutiles y quizás algunas veces más obligados y hasta más inteligentes. Más arriba quedó hecha la lista de otros posibles modos y medios de manifestar opinión y y pedir decisiones a los gobiernos de cualquier turno y nivel. Pero, claro, si los políticos destinatarios se olvidan del voto de papel contado en urna, con más desparpajo e impunidad pueden no hacer caso de estos otros modos de votar; cosa nada fácil escuchar la voz de la calle.... Yo por ahora, y más con listas cerradas, prefiero estos últimos modos de votación. Es cosa de pensarlo, porque codo a codo somos más que dos?