OPINIóN
Actualizado 08/05/2014
Víctor Hernández

El silencio es imprescindible en la vida de todo ser humano. En música es uno de los elementos que pasan más desapercibidos, pero sin ellos faltarían los matices y se perdería esa sensibilidad que es muy necesaria. Cuando decimos que necesitamos silencio, en realidad no sabemos muy bien a qué nos estamos refiriendo puesto que hay pocas personas en el mundo que han logrado sentir el más absoluto silencio. Cuando buscamos el silencio en la naturaleza, en una cueva, etc., lejos de encontrarlo, lo que hacemos es rodearnos de sonidos, y estos, al ser menos cotidianos nos dan una sensación parecida a lo que a nuestro entender es el verdadero silencio.

Los que tenemos la facultad de oír solo podríamos sentir el absoluto silencio en el espacio exterior (ya que en el vació no se transmite el sonido) o en la "cámara  anecoica" que se podría definir como una caja del silencio. Fue creada por los Laboratorios Orfield en Minnesota (Estados Unidos) y es capaz de eliminar prácticamente el 100% del sonido. El problema de la total supresión del sonido que nos ofrece la cámara anecoica, sería que al poco tiempo de estar en ella, comenzaríamos a escuchar todas nuestras funciones corporales: el latir del corazón, la circulación de los fluidos? en general dos sonidos, uno alto y otro bajo; el sistema nervioso y nuestra sangre en circulación. Esto terminaría por generarnos un nivel de ansiedad extremo, que no todo el mundo sería capaz de soportar.

A mí me pasa como a John Cage, me encantaría poder escuchar el silencio, pero él descubrió que no existe y dijo: "Hasta que yo muera habrá sonidos. Y ellos seguirán después de mi muerte. Uno no tiene que temer sobre el futuro de la música". Tras salir de la cámara anecoica de la Universidad de Harvard, se dio cuenta de la imposibilidad del silencio y escribió la composición 4'33'', que se ha convertido en una de sus obras más famosas y controvertidas.

Leer comentarios
  1. >SALAMANCArtv AL DÍA - Noticias de Salamanca
  2. >Opinión
  3. >El silencio, ese gran desconocido