OPINIóN
Actualizado 19/12/2013
Luis Marcos del Pozo

La llegada de las vacaciones, aunque estas de Navidad no son tan largas, desestabiliza demasiados hogares ante el excesivo tiempo libre de los niños y la "incapacidad" de los padres para organizarlo y compartirlo con sus hijos, o compaginarlo con su vida laboral. El cambio en las tareas diarias,la organización de su tiempo en periodo lectivo etc., puede desencadenar, para el niño, en un aburrimiento. Este estado desemboca a veces en un cambio de actitud y aptitud provocando en los adultos sensación de desasosiego que tristemente , en una gran mayoría de las veces, se soluciona plegando ante las exigencias del niño?" "Sólo por que deje de incordiar.?."

Y así, sin darnos cuenta, el cambio en las rutinas de los niños y las concesiones sin fin, ha transformado a los reyes de la casa en una sima sin final, sobre todo en los periodos vacacionales (que luego se alargan hasta que se enquistan). Cada vez son más reyes (con monarquía dictatorial) y menos niños valiéndose de nuestro desconcierto, llenan el saco de sus caprichos.

La tecnología (consolas, TV, redes sociales (o ¿asociales?) mal entendida los aíslan tanto de un entorno de socialización como de unos hábitos de vida saludables. Para paliar esta situación en muchas ocasiones recurrimos a la improvisación que, es otro condimento para desarrollar pequeños monstruos a nuestro alrededor capaces de desafiarnos constantemente. Por si fuera poco, las circunstancias familiares, con separaciones, sobre uso de los abuelos (un poco más) tampoco facilitan la estabilidad emocional de los niños, y más, en esta época.

Aquellos afortunados que pueden viajar o disponer de unas vacaciones fuera de su hogar, preguntan "democráticamente" a niños, sin madurez emocional, cuál es el sitio ideal para ir. Así los hacemos aún más dueños de nuestro destino, pues evidentemente ellos se mueven por su interés nunca por la razón familiar o social.

Afortunadamente o no; no son comparables ni tiempos ni circunstancias, pero la realidad es la misma: la educación de los hijos nunca está de vacaciones, hay que aprovechar cada momento, (regalos, viajes etc.) para con ello poner una piedra más en su formación como persona, fomentando los valores, a veces ya perdidos.

"El enriquecimiento personal también forma parte de la satisfacción de las necesidades básicas, así que si pensamos que nuestra obligación como padres sólo es ocuparnos de su bienestar, de alimentarlos, vestirlos, acompañarlos y que jugar sólo es cosa suya" (o de los abuelos) fomentaremos sus ansias de consumo pero fallaremos en su formación en valores.

Por eso el debate educativo no esta tanto en la duración de las vacaciones como en el beneficio que se puede obtener de ellas.

En nuestras manos está, por tanto, la solución; dedicar más tiempo a la comunicación familiar, compartir tareas, inculcarles ante un consumo responsable y motivar sus inquietudes a través del esfuerzo . Así las vacaciones serán un tiempo de ocio y de asueto pero también de crecimiento personal y educativo.

¡Ahhh! Se me olvidaba. Los reyes sólo llevan un camello no una flota y los premios se ganan, por eso son premios.

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