Martes, 12 de diciembre de 2017

Atrévete a ser feliz, terapia de bienaventuranzas

feliz_3.jpgPresenté ayer la primera lectura del día de los Santos: El Cielo del Cielo (Apocalipsis de Juan).

Hoy quiero presentar la segunda, que es del evangelio: El Cielo en la Tierra, atrévete a ser feliz, por lo que eres y por lo que haces, como dice Jesús en Mt 5.

Desde el siglo XVIII en adelante se ha criticado al cristianismo por muchas cosas: Por un problema social (Marx), psicológico (Freud), de cultura científica (Comte...). Pero la crítica más fuerte de todas ha sido sigue siendo la de F. Netzsche, en Así habló Zaratustra (De los sacerdotes). A su juicio, los cristianos hemos hecho del evangelio anti-evangelio (dis-angelio):

Nietzsche piensa que los sacerdotes cristianos (él se fija sobre todo en los protestantes alemanes) han destruido el poder de la felicidad, han negado al hombre, han condenado la alegría...

"¡Oh, contemplad esas tiendas que esos sacerdotes se han construido! Iglesias llaman ellos a sus cavernas de dulzona fragancia….¡Oh, esa luz falsa, ese aire que huele a moho!... Ellos llamaron Dios a lo que les contradecía y causaba dolor: y en verdad, ¡mucho heroísmo había en su adoración! ¡Y no supieron amar a su Dios de otro modo que clavando al hombre en la cruz!
Mejores canciones tendrían que cantarme para que yo aprendiese a creer en su redentor: ¡más redimidos tendrían que parecerme los discípulos de ese redentor! Desnudos quisiera verlos: pues únicamente la belleza debiera predicar penitencia...".

Dejo para otro día la crítica de Nietzsche, que supo ver el problema, pero no ofreció solución, ni supo indicar el lugar de la felicidad, ni la verdadera voluntad de vida de Dios y de los auténticos cristianos.Jesús…
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Pero todavía algunos que se dicen de Jesús caen (caemos) en la crítica de Nietzsche... Parece que queremos crucificar al hombre en vez de liberarle... Les imponemos leyes más que ofrecerles caminos de evangelio Cosas se esas se han oído y parecen oírse todavía en algunos discursos llamados cristianos...

En contra de eso, el verdadero Jesús que no quiso crucificar a los hombres sino "bajarles de la cruz" (y por eso asumió él la cruz de verdad, para que otros no murieran crucificados, cosa que Nietzsche no entendió...) nos sigue ofreciendo un programa de felicidad.

Atrévete a ser feliz…, desde el fondo de la vida, desde la voluntad del amor, desde la fidelidad a los demás… Atreveos a ser felices… Escuela de felicidad ha de ser nuestra iglesia... Ése quiere ser el mensaje del día de los Santos.

Las bienaventuranzas de Mateo

Hay, como se sabe, dos versiones de las bienaventuranzas, y ellas deben distinguirse bien:

a. Las Bienaventuranzas de Lucas 6, 21-22 son básicamente teológicas. Se centran así en la obra de Dios, que acoge de un modo especial a los pobres, hambrientos y tristes/oprimidos (los que lloran). Los pobres no son bienaventurados por ser bueno, sino porque Dios les ama y le promete el Reino de los cielos. Así destaca este Jesús de Lucas la bienaventuranza como promesa y presencia del Reino de Dios en la pobreza, hambre y llanto de este mundo.

b. Las bienaventuranzas de Mateo 5, 3-10 conservan el aspecto anterior de Lucas, pero lo desarrollan de un modo “antropológico” o humano. No son bienaventurados sólo los pobres y hambrientos, sino los que, escuchando a Jesús y siguiendo su camino, eligen su camino de pobreza y ayudan a los hambrientos y oprimidos. Los hombres no son sólo bienaventurados por lo que Dios hace en ellos, sino por lo que ellos hacen, unos a favor de los otros, creando así un cielo de humanidad sobre la tierra.

La liturgia de este día de Todos los Santos toma como evangelio el texto de las bienaventuranzas de Mateo, hablando así del Cielo que es Dios (que acoge y eleva a los pobres/pequeños) y del cielo de los hombres, que se ayudan mutuamente, haciéndose felices unos a los otros. Así presento el texto, de un modo básicamente exegético, sobriamente, pero con intensidad cristiana y humana. Buen día de fiesta a todos.

Texto:

5, 3 Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
5 Dichosos los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
6 Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
7 Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12 Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, pues así persiguieron a los profetas antes de vosotros (Mt 5, 1-12).

Jesús no empieza excluyendo a nadie, ni se dirige en especial a algunos, sino a todos, sean judíos, cristianos o paganos, pero destaca en especial a dos tipos de personas: (a) Los que sufren, los más pobre; (b) los que ayudan a los pobres, desde una perspectiva cristiana (pero no exclusivamente cristiana). Las bienaventuranzas hablan de Dios… pero también de aquello que los hombres hacen, creando un cielo en la tierra.

(1) Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5, 3)

El pobre (projos) al que alude aquí Jesús es aquel que no tiene absolutamente nada, el pordiosero o mendigo, que sólo puede vivir de limosnas (cf. Luke 14,13.21; 16,20,22). En principio, esos pobres pueden ser personas “de mala fama”; no se puede hablar por tanto de “pobres espirituales”, llenos de riquezas interiores (como suele decirse de los anawim del judaísmo tardío). Son por tanto, aquellos que carecen de todo, de manera que sólo pueden vivir de la ayuda a sostén de los demás, es decir, como mendigos. Lc 6, 20 decía simplemente "pobres", sin matizaciones. Mateo, en cambio, ha añadido “de espíritu”. Con eso no niega su pobreza “material”, sino que la matiza desde una perspectiva cristiana, en dos posibles líneas:

Por voluntad. Pobres de espíritu (con dativo de opción) serían aquellos que no se limitan simplemente a sufrir una suerte que les viene dada desde fuera sino los que, pudiendo ser ricos, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad, al servicio de los demás (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11). Jesús no ha querido ayudar a los humanos por arriba, desde fuera, sino desde la misma situación en que se encuentran, encarnándose en su historia. Así aparece como el siervo que no grita, no se ensalza, no esclaviza; desde la misma pequeñez del mundo ayuda a los pequeños (cf. Mt 12, 15-21), apareciendo así como “pobre voluntario”. En esa línea se situaría nuestro texto, que no ha negado la bienaventuranza de los pobres por necesidad (cf. Mt 18, 1-14), pero ha querido destacar de un modo especial la opción por la pobreza, dentro de la Iglesia, pues en ella sólo pueden construir activamente el Reino y hablar de paz aquellos que aceptan voluntariamente la pobreza, dando todo lo que tienen a los pobres (cf. 19, 21) y no toman el camino de los ricos-saciados-satisfechos, que es propio del contexto social marcado por los ideales del Imperio romano.

En espíritu. Sin negar el posible sentido anterior de la palabra, pare