Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Halloween... de Muertos

Para mi sobrina Vega, recién llegada a este mundo…
Y para Helena Malena y su Halloween socarrao…

En el artículo de la semana pasada comentaba que el Halloween y el Día de Muertos –el 2 de noviembre, el Día de los Fieles Difuntos–, para muchos niños y jóvenes en México, se han vuelto una tradición propia, “igual” y diferente a la tradición tradicional.

Veo que en España, donde la tradición es más austera –visitar los cementerios el 1 de noviembre, el Día de Todos los Santos– se están también imbricando los disfraces y las calabazas... Y eso que allí esto de las calabazas, el “trick or treat”  y demás, es algo que ha llegado hace ná…

Aquí en México, la tradición católica confluye con las prehispánicas: los muertitos regresan en su día. Y para que no se pierdan, se les pone su altarcito, presidido por una imagen del o los finaditos, elementos decorativos como el papel picado (papel de china recortado), flores de cempasúchil (una flor naranja que se asocia con este momento) y todo lo que, en vida, le gustaba a quien se conmemora: su tequilita, sus guisaditos, su pan de muerto… Y ahí se queda, en el altar, para que llegue y pueda sentirse… ¿como en casa?, ¿como en vida? Vaya usted a saber.

En esos altares, claro, ya aparecen calabazas, alguna bruja… En el súper, por ejemplo, y eso sí es un poco triste, encuentras más motivos “halloweenescos” que de Día de Muertos, cosas de la mercadotecnia.

Además del altar, otra hermosa tradición es la “calaverita”: seguro que alguna vez han visto las calaveritas –calaquitas, mexicanismo de hoy– de azúcar, o de chocolate; sin embargo, no solo son figura, imagen; también pueden referirse a un poema, jocoso, en el que se habla de que la muerte viene por la persona a la que se dedica el poema. Suena tétrico pero es una hermosa tradición, los periódicos se llenan de calaveritas, la gente escribe, se las regala a sus amigos.  Ya saben que los mexicanos tienen/¿tenemos? una relación peculiar con eso de la muerte.

En fin, para compartir la tradición con mis lectores, van mis calaveritas, para dos niñas, una ya un poco grande, que ya vendrán a México, ya:

 

La calaca, tan lectora,

del charro de dos orillas,

se cansó de tanto artículo

criticón y cabreao.

Dijo la calaverita,

como llegaban sus días:

al charrito mexicano,

este año

me lo apaño.

Mas no sabía la huesuda,

que el salmantino chilango

ya contaba con la ayuda

de Elenita;

 la moza bien lo escondió,

muy, muy, muy bien disfrazao

en fiesta a la que llamaron

Halloween… mas socarrao.

 

Y como la vida es eso que ocurre mientras nos empeñamos en hacer otros planes, resulta que el sábado pasado nació Vega, mi sobrina… Por supuesto, Vega, aquí va tu “calaverita” de bienvenida al mundo:

 

La huesuda mexicana,

vio que había nacido Vega;

charrita de aquella orilla,

que tiene nombre de estrella.

Tranquilo, charro, tranquilo,

nomás bendiciones tenga,

sea de ambas orillas huésped,

porque si hay orilla, hay Vega.

 

@ignacio_martins

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