Miércoles, 20 de septiembre de 2017

Incluso en estos tiempos…

Foto, claro, de mi instagramera de cabecera: pilarlealfernandez

…triviales como un baile de disfraces… Canta Sabina…

Incluso en estos tiempos, decía, sigue siendo posible detenerse un momento para tomarse un café, quedar a comer, darse ratos “de los de toda la vida”.

Sigue siendo posible, sí, pero se va dificultando, compañer@s.

Antes, la falta de comunicación –para quienes tienen hoy menos de 30, depender de un fijo parece algo que nos equipara con Robinson Crusoe– nos obligaba al esfuerzo de buscar al otro… Hoy, sin embargo, parece que estamos en conexión permanente… Pero no, ver lo que ponen nuestros amigos –los que lo son en todas las plataformas– no vale como contacto.

A mí, que en algún momento fui de esas personas que “siempre” llamaban –por teléfono, fijo, por supuesto–, los años y el ritmo laboral me han ido volviendo celoso guardián del “tiempo que me queda libre”, parafraseando la canción de María Dolores Pradera.

No es “mala onda” –mexicanismo de hoy–; ni siquiera mala voluntad; es algo mucho más simple: desconectar es desconectar, ver la tele, ir al cine –ya ven, desconectarse para conectarse–; bueno, también leer, y eso sí en modo tradicional, que todavía no tengo ni kindle ni alguno de sus primos… Pero imagino que lo llegaré a tener.

Volviendo a la idea de “aislamiento conectivo”, a veces, en la desconexión, uno establece otro tipo de conexiones; nos “encontramos” con alguien y se organiza algo sobre la marcha, decidimos hacer algo “de repente” –por el mero y sagrado hecho de que nos “apetece”–.

El peligro de pasar ratos consigo mismo es que, por ejemplo, en un paseo solo, de esos que damos cuando hace bueno, caemos un buen día en la cuenta de que hay quienes “no lo llaman nunca” a uno.

No es queja, es ley de vida, así son las cosas; hay amigos, comentaba en un artículo hace poco (suerte, #Alegría), para los que no hay distancia; los reclamos no existen y, simplemente, cuando la vida nos junta, aprovechan/aprovechamos el rato y, metafóricamente, retomamos la conversación donde se habías quedado.

Sin embargo, es irónicamente divertido que haya quienes utilicen las propias conexiones modernas –redes– para acercarse –mensajes directos– para decir: “te escribo para decir que no escribes nunca”, en vez de decir: “¿nos vemos mañana o pasado?”

Por supuesto, esto es un cuento, no me ha pasado nunca…

…ni me vuelve a pasar.

Mira tú, fui capaz de no escribir de patrias, fronteras y nacionalismos…

¿O no?

 

@ignacio_martins

 

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