Miércoles, 20 de septiembre de 2017

Dando y dando en el siglo XXI (o Del streaming)

Con esto del streaming, podemos ver las series, películas o programas que nosotros queramos, cuando nosotros queramos…Me encanta la posibilidad de encontrar esas películas que son parte de mí –pero que no fueron exitazos– y que nunca volví a ver ni en VHS…

Cada vez voy teniendo más claro que la tele del futuro… qué digo la tele, más allá, el consumo audiovisual…  se llamará streaming.

Streaming, sí, y sosiéguense, puristas, no hay, creo yo, una equivalencia clara en nuestro idioma y el barbarismo suena mejor que la mayoría de las equivalencias en castellano que se me ocurren… Se aceptan propuestas.

El futuro ya está aquí –topicazo–: se acabaron las casas llenas de discos y películas… Libros todavía habrá, más que nada porque no se lee tanto… Pero creo que para allá va la cosa… Kindle o alguno de sus primos –probablemente uno aún nonato– también han llegado para quedarse.

No me quiero poner trascendental y ya sé que lo que acabo de escribir suena orwelliano; sin embargo, algo tiene de cierto; desde luego, lo granhermanesco que termine siendo depende de nosotros. Porque ahora nos quejamos de ciertos espionajes y, a la vez, el estriptís personal es constante –redes sociales, que cada palo aguante su vela– y, en no pocas ocasiones, mostrando cosas que no nos interesan ni a nosotros mismos. También el streaming puede balconearnos, porque mucha gente conecta sus redes con estas plataformas y así todos sabemos qué ven… O vemos… A todos nos pueden cachar –mexicanismo beisbolístico de hoy– viendo una telenovela, aunque sea coreana. O sea, que yo vea cine clásico, aunque sea musical, puede tener su aquel, pero hay otros permisos que uno se da que no deberían salir de lo privado… Y no [solo] hablo de pelis “verdes” –rojas de este lado, segundo mexicanismo–.

Ya en serio, con esto del streaming, podemos ver las series, películas o programas que nosotros queramos, cuando nosotros queramos… Me encanta la posibilidad de encontrar esas películas que son parte de mí –pero que no fueron exitazos– y que nunca volví a ver ni en VHS –los de menos de 30, pueden ver qué es eso en la Wikipedia–, DVD, Blu-Ray…

Desde un punto de vista económico, me da que es complicado hacer copias físicas, editarlas, para venderlas; sin embargo, parece mucho más fácil subir un archivo y que los interesados –cien o mil, o quién sabe cuántos que haya en el mundo a los que nos gustaría volver a ver esas películas– paguemos por ello… Los del fútbol ya se han dado cuenta de las posibilidades.

La clave está, creo, en lo de “pagar por ello”; sí, compañeros, lo gratis suele terminar saliendo más caro; gratis, mis libros de poemas, que lo que me interesa es que lleguen a más gente, puesto que, al menos por ahora, no puedo vivir de ello; es más, ahí van, de regalo, mis dos poemarios en digital: Con toda la intención (2015): http://bit.ly/1RuwIGX y Panfletario: http://bit.ly/1eWZmic.

Una biblioteca, discoteca o filmoteca, de temas específicos, o épocas, o países, o –pongan el “apellido” que les parezca–, puede ser rentable, porque creo que unos cuantos miles, en el mundo, puede haber que acudan a ella… Y miles de poquitos creo que son rentables, si la inversión inicial no es mucha y se recupera bien, ¿no, amigos economistas?

Si no es rentable, o sea, si alguien no gana algo con ello, ¿para qué hacerlo?; ¿que lo hagan los gobiernos?, ¿los ricos mecenas?; ¿pirata porque ya pagamos por Internet?; la verdad, prefiero la libertad que me da pagar por ello, siendo consciente de que el saber no ocupa lugar pero cuesta… Y vale… la pena… y el dinero.

@ignacio_martins

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