Sábado, 16 de diciembre de 2017
Las Villas al día

Bernardo en el recuerdo

Los vecinos de Las Villas tienen muy presente al sacerdote dominico, impulsor de iniciativas socioculturales y referente pastoral en la zona
Bernardo Cuesta abre la iglesia de Villoruela

Este verano, el sacerdote dominico Bernardo Cuesta hubiera cumplido 63 años. Cualquier actividad o detalle es motivo para recordarle en la zona de Las Villas, donde su huella es imborrable. La fotografía de Mercedes Corredera y la efeméride en próximas fechas de su cumpleaños es suficiente pretexto para recordarle en estas páginas de SALAMANCArtv AL DÍA. De la mano de su compañero Quintín García, colaborador de este periódico, refrescamos a los lectores su perfil biográfico y algunos de los escritos que marcaron los homenajes tras su fallecimiento en enero de 2012.

Bernardo Cuesta, párroco de Villoruela y capellán de las Madres Trinitarias del Monasterio de Santa María la Alta de la localidad falleció en enero de 2012. Precisamente en el día de San Sebastián, fiesta en el municipio de Villoruela.

Nació en Riofrío de Órbigo el día 20 de agosto de 1954 en una familia larga de hermanos –uno ya fallecido- y hermanas. Una de ellas, Esperanza, es dominica de la Enseñanza de la Inmaculada Concepción y ha cuidado noche y día de él durante su enfermedad. Cuando murió, aún vivía su madre, ya mayor y delicada, con la que compartió gran parte de estos meses últimos.

Bernardo estudió el bachillerato en la Escuela Apostólica de La Virgen del Camino de los Padres Dominicos. Su noviciado de ingreso en la Orden lo realizó en el convento de S. Pablo de Palencia. Estudió Filosofía en el Instituto Superior de Filosofía de Valladolid La Licenciatura en Teología la cursó en la Facultad de S. Esteban de Salamanca, a la que siguió ligado después como profesor de Teología Moral. Y en los años últimos como Secretario. Fue profesor también en la Escuela de Teología. Tiene diversas publicaciones relacionadas con su materia de Teología Moral. Y ha impartido en Cáritas y distintas instituciones cursos de formación, charlas y conferencias, dedicadas especialmente a iluminar desde la Teología el campo de la justicia social y las tareas de solidaridad con los países desfavorecidos.

En diciembre de 1981, con otros compañeros dominicos, y siendo aún estudiante de teología, fundó la comunidad Virgen de la Vega de Babilafuente, donde se ordenó sacerdote el año 1982. En la actualidad era párroco de Villoruela (Salamanca) y capellán de las Madres Trinitarias. En esos pueblos de Las Villas –Babilafuente, Moríñigo, Villoria, Villoruela- ha realizado una gran tarea de animación sociocultural, religiosa y sacerdotal. Y desde ahí ha fecundado su estudio de la teología. Desde su fundación era el Presidente de la ONG Acción Verapaz.

 

Florecerán tus palabras en nosotros

 

Mientras velábamos tu larga agonía, Bernardo, recordaba los días de la primavera pasada cuando paseábamos con Esperanza por el lago del final del canal. Todavía salías del coche y andábamos un ratito. Te recuerdo comentando el nacimiento del maíz y de la patata y la cierna de los cereales. En medio del vigor colorista del tomillo y el espliego en el monte de Babilafuente aún tenías y teníamos alguna esperanza de revertir la marcha implacable de la enfermedad. Pero vino el verano y ya no podías bajarte del coche. Igual que los cereales amarilleaban en las cuestas, iba amarilleando tu cuerpo dolorido mientras madurabas por dentro tus respuestas a las últimas preguntas. Hasta que ha llegado este invierno crudo de tu agonía y de tu muerte: como a la tierra recién arada para recibir la energía regeneradora del sol y del viento te toca en esta rueda de leyes de la naturaleza guardar silencio y dejar que se pudra el grano de trigo de tu vida para renacer a una nueva Primavera. También a nosotros, Bernardo, nos toca ahora guardar silencio. Y llorar por ti. Para aprender a continuación a comulgar e iluminarnos con tu memoria, con tus palabras, las anteriores y las últimas, que Esperanza ha ido recogiendo amorosamente. Para aprender a resucitar contigo en esa Primavera serena en la que habitas. (Ayer me han dado saludos para ti los patos y los cormoranes del lago)

 

Quintín García

Funeral de Villoruela, 28 de enero de 2012

 

 

[Img #397959]Del río y sus enigmas

(de amicitia)

 

(En memoria de Bernardo

que se ha marchado más allá de la noche)

 

Del río y su inhóspita caricia, fugaz

mansión de sombra y luz, se marchó ayer

Caius Laelius*, aquel siamés azul

injertado a mis pies, que estrenó conmigo

himnos inocentes, romerías

de junio, dulces tubas

de maizales, aromas

de almendros en flor. Y el pan

bregado con sudor que robábamos

con otros a los días de agosto.

 

Durante años celebramos

nuestras sangres audaces, quizás

alborozadas, con el fuego

sideral de la noche de san Juan. Allí

crecimos lavándonos la herida

abierta de la vida, sombra

y sed, voraz, en el agua lustral

del río de los otros

y de sus enigmas.

 

Guiados por una luz cenital

y sus anhelos, anduvimos, juntos aún,

tantas leguas por aire y mar y fuimos

avefrías o feroces tiburones, o tórtolas

amatorias según la estación

y la orientación de los alisios.

 

Hasta que un día el sol, herido

también en sus fulgores insaciables,

nos empujó en su misma dirección:

hacia la noche. Y fuimos

expulsados del Edén.

Allí

se descabalgaron nuestros pies y la sangre

compartida hubo de ser

injertada entre relinchos en naos

diferentes para los últimos

silencios. Mientras nos repartíamos

deprisa la herencia común de los caminos

y tantos violines rasgados a dúo.

 

Huyó entonces la luz. Se abismó

la herida. Las voces

del ruiseñor se apagaron en las cárcavas

vírgenes del monte.

La sed

repicaba una y otra vez, ávida

como la lluvia del invierno en los cristales

del alma, hacia la develación

de los enigmas. Y era agria

la contemplación de las huellas

sembradas en su rostro. Y lenta

y gris la aproximación al estuario.

 

Hasta que se fue Caius Laelius ayer

más allá de la noche. Quizás

seré mañana yo: por si lográramos

estrenar juntos de nuevo

el fuego azul de aquella estrella,

mírala, mírala.

Y curar,

al fin, más allá de los fontanales

últimos del río, esta herida

de soledad y sed.

 

* Caius Laelius fue la persona a la que Cicerón dedicó su Diálogo De amicitia convirtiéndole desde entonces en el símbolo literario del buen amigo.

 

Quintín García  

Babilafuente, enero de 2012

VÍ LA VIDA VACIÁNDOSE
(A Bernardo Cuesta)

Y así como el silencio habla,
Vi la vida vaciándose,
Alejándose en mí
Hacia la luz
Hasta enmudecer todo.

Y no era aún el alba.
Sólo vuelo
Y cielo.

Juan Carlos López
Jueves, 10 de enero de 2013

De humanidad y sensibilidad está hecha la mirada del fotógrafo salmantino Pablo de la Peña en este vuelo hacia la emoción del viento.