Miércoles, 20 de septiembre de 2017

Disfrutando amistades... y tostones

Sin los amigos uno, simplemente, no se explica, más que nada porque sin ellos no se entiende.

“¿Comes bebés?” Un día me preguntaron eso cuando estaba revisando el menú de un restaurante de comida española, aquí en México, y una de las opciones era el “puerquito”, o sea, nuestro querido y nunca bien ponderado tostón, también conocido por sus encantadoras acepciones de cochinillo, o lechón… Aquí suelen decirle una de esas dos, porque lo del tostón asado creo que es charro, de aquella orilla, y para de contar. Si es que no sabemos exportarnos… En México, el tostón era una moneda que ya pasó a la historia o, por influencia cubana, rebanadas de plátano frito.

[Img #376338]Vuelvo a lo de “comer bebés”. En serio, así me lo dijeron, joder, sí soy medio shrek, bastante rezongón, pero eso ya es demasiado; de hecho, quien lo dijo fue una buena amiga, así que, con humor –y una pizquita de mala leche–, me hice el ofendido y le contesté que si ella comía vaquita viejita, o pececitos… Y, en lo que llegaba el sagrado alimento, guarnicionado con papa panadera, empecé a elucubrar este artículo.

Quienes me siguen en esta faceta de “Charro de dos orillas”, ya saben lo bien que me cae la corrección política… Igualmente, quien me ha leído de vez en cuando, ya me conoce y sabe que considero que los excesos, como siempre, terminan cayendo… cerca de la tontería.

No voy a empezar a reflexionar sobre lo injusto de ver, en vez de a un animal de granja, a Babe o al cerdito que tenía –creo que ya no lo tiene– George Clooney de mascota.

Me niego; en esto, como en todo, soy, sobre todo y cada vez más, liberal, en el mejor sentido de la palabra, o sea, opuesto a conservador –en su acepción de cerrado, dogmático–. Ya he escrito más de una vez que me siento cada vez más a gusto con los liberales en todos los sentidos, porque se puede estar de acuerdo con ellos, o no… Los dogmáticos no dan esa opción, aunque en teoría piensen como uno.

O sea, liberal, de los de mi-libertad-termina-donde-empieza-la-libertad-del-otro; ¿qué pasó en esa comida? Mi amiga hizo un mohín, el resto de la mesa me secundó, le tomaron un ratito el pelo y terminó siendo otra comida de amigos de los que alguna vez escribí y que disfruto porque implican buena conversación, buena comida, buen rato. En términos científicos, recargar la pila. Claro, esa amiga, Carmen, aprovecha cada vez que puede para devolverme ese “agravio”… Y los que se han ido acumulando (esa velita, amiga, esa velita, nos la van a cobrar).

Eso es ser amigos, ¿no?,  hablar lo mismo del tostón –comida o dinero– que de política; de Casablanca o Almodóvar; de toros, fútbol o literatura; estar a gusto discutiendo, disfrutar  nuestras diferencias; ser amigos, perdón que me ponga cursi, es  no esperar recibir algo a cambio de lo que dan/damos.

Sin los amigos uno, simplemente, no se explica, más que nada porque sin ellos no se entiende.

Ya me desvié, que yo empecé hablando del tostón. Y de ser liberal. Ojo, no de derechas, ahí sigo en mis trece.

@ignacio_martins

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