Miércoles, 20 de septiembre de 2017

Instrucciones para viajar por México: los guías

...estos guías mal adoctrinados que repiten esas consignas sobre lo buenos que eran los que aquí vivían y lo malos que eran los españoles que llegaron…

Los guías: Como en todas partes (“¿le ehplico la fachaaaaada?, ¿le digo dónde ehtá la raaaanaa?”), la mayoría son gente que se ha aprendido algo de memoria; en México, no son pocos los que a ese decir de memoria tan aburrido y soso, suman un adoctrinamiento curioso… Acabo de estar en Veracruz y me pasó con varios que compartían una especie de orgullo idealizado por los prehispánicos –idealizado quiere decir acrítico– unido a no pocas frases cuyo sujeto era “los españoles”, esas sí muy críticas, burlonas, casi siempre dichas con un “acento” tan parecido al español como se parece al mexicano el de mis paisanos de allá cuando quieren imitarlo…

Les hablaba de estos guías mal adoctrinados que repiten esas consignas sobre lo buenos que eran los que aquí vivían y lo malos que eran los españoles que llegaron… Ya tengo llagas en la lengua de mordérmela para no decirle a Maikol (así se llamaba uno, y no digo más) o a cualquiera de los otros que deberían añadirle a ese “los españoles” un “mis antepasados” –no del que escribe, que uno acaba de llegar como quien dice, sino de ellos–. Y no, no me digan que tenía que haber alegado ante la tontería –no llega a ofensa–: uno intenta saber qué batallas pelear y esta es una perdida de antemano, sobre todo cuando el guía está echando su choro –mexicanismo de hoy–, rodeado de paisanos de nacencia que comparten estereotipos y tópicos.

Me atrevo a aventurar ideas, más que explicaciones al respecto; una sociedad tirando a conservadora que vivió muchos años bajo un régimen con ramalazos de igualitario pero que, sobre todo, lo que más era podría ser calificado de paternalismo –en una sociedad patriarcal, al menos en apariencia–. Octavio Paz habló del “ogro filantrópico”, para que me entiendan.

Ese paternalismo, en provincia –otro mexicanismo que hace referencia a todo lo que no es DF; también he oído “del interior”, vean el mapa y entenderán la ironía–, provocó la creación de caciques, también en lo cultural. Imagino que esos caciques transmitieron sus tópicos, es decir, su poco conocimiento –¿ignorancia?– a sus adoctrinados, que son los que hoy enseñan su maravilloso país –uno de mis dos maravillosos países– a los foráneos –o fuereños– y, de vez en cuando, hacen cabrear a este que escribe.

Eso sí, el guía más tópico –que además, se creía actor de carácter, el hombrito–, de refilón, me habló de una zona arqueológica que visitó Hernán Cortés y, según el muchacho, “lo enamoró tanto que decidió conquistar Tenoctitlán”. Sea verdad o no, ese realismo mágico sí se lo perdono porque, gracias al cabreo creciente, presté atención, me quedé con el nombre y, al día siguiente, conocí un lugar único.

Adivinaron, sí, el de la foto… Unas tumbas en lo alto de un monte –cerro–al borde de un mar azul y una costa todavía casi virgen… Quiahuixtlán se llama, por si van a Veracruz. No se arrepentirán; este mexicano por decisión propia sí que se quedó enamorado de ese lugar.

@ignacio_martins

https://www.facebook.com/ignaciomartinescritor

www.ignaciomartin.com