Miércoles, 20 de septiembre de 2017

La "casta"

Filológicamente hablando, el concepto de “casta” es brillante… Propagandísticamente, también, claro… Es muy parecido a los que inventaron próceres de la propaganda como Goebbels o Stalin… En esa línea, el monederiano concepto “régimen del 78”  me sigue pareciendo insultante y falaz –el concepto, el concepto–.

Estos issues –¿cómo ven, modernos? Sé manejar ese argot– son aún más brillantes, si caben, cuando nos damos cuenta de que sus creadores son una “casta” –grupo separado de la mayoría– de una facultad determinada en una universidad determinada, endogámica como la mayoría. Lo dicho, brillantemente goebbelsiano.

Algo parecido pasa en México, ya lo he apuntado en artículos anteriores: el “nacionalismo corporativista” o “corporativismo nacionalista” –por simplificar–, que fue una de las características del PRI, es hoy bandera de una “izquierda” casi antisistema, llena de expriistas… Esa “izquierda” culpa al PRI de todo, hasta de lo que causado por ella misma, se vuelve “trending topic” mundial; sí, saben de lo que hablo… Eso sí, el actual PRI, que tiene planteamientos en muchos casos socialdemócratas, se expresa con las más rancias formas y modos… No hay manera con ellos… Debe ser algo genético.

Para documentar mi crítica a esta moderna y “potente” “izquierda” –gracias por las comillas, Dios de la gramática–, no me invento nada; en México, algunos de los partidos más “radicales” de esa izquierda defienden en sus espots “salvar a México” y bajar los impuestos… Exactamente lo mismo, y casi con las mismas palabras, que el Tea Party en Estados Unidos. Y en España, los llamados a nacionalismos y patriotismos excluyentes parece que no están enterrados en el Valle de los Caídos, ¿verdad?

También en esta España de la “casta”, resulta que en el PSOE, un partido al que se acusa de “enquistado” en el poder –o al menos en el bipartidismo– van apareciendo gente como Pedro Sánchez; y ahora Gabilondo ––este reaparece, por mor de la precisión–; a mí, en lo personal, todavía no me convence del todo el señor Sánchez; sin embargo, ¿qué quieren que les diga?, me convenza o no, Sánchez ganó unas elecciones en ese partido, aparentemente contra muchos del “aparato” que no lo querían…Digo, el favorito favorito no era, ¿no?

Otro caso es el de Izquierda Unida, que, con todo y sus sempiternas luchas internas, me presenta como candidato a un poeta al que admiro, Luis García Montero.

¿Estoy diciendo que votaré al PSOE o a IU?, no, mucho menos diciéndoles a ustedes que lo hagan… Tampoco estoy aceptando sin conocer a fondo la plena limpieza de Sánchez o la pureza ideológica de García Montero. No, solo digo que ellos son dos personas que se mojan, que se “avientan” al ruedo. Y que otros, a quienes también admiro, como Savater, no lo hacen, o no del todo.

Para ir terminando, respecto a lo de a quién votar, es algo que, cuando toque, lo decidiremos cada uno; lo que he querido con todos estos artículos que han llevado en su título el neologismo “democraciahítos” –serie que hoy tengo la firme intención de concluir–, es pensar sobre ello, señalar que creo que las ideas son más difíciles de expresar –y “vender”– que las etiquetas –#hashtag– y los eslóganes.

En este sentido, a modo de conclusión, me entristece que tirios y troyanos, en general, no busquen convencerme de una idea sino que parezcan más preocupados de que les dé RT a su #hashtag…

Aunque luego, cuando toque, lo llamen voto.

@ignacio_martins

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