Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Democraciahítos

Es curioso que todos los jóvenes, de acá y de allá, en su mayoría, han nacido y crecido en democracias “de partidos”.
Según las zonas –geográficas y/o de influencia–, la moderna radicalización retoma los esquemas políticos tradicionales.

La democracia ha dejado de emocionar a la gente

Pascal Beltrán del Río

Por si alguien no lo sabía, soy mexicano y español –charro de dos orillas– aunque ninguna de ambas características la represento de la manera en que lo hace la mayoría… Por lo mismo, cuando pienso en ambas realidades, cuando leo sobre ellas, las analizo e intento llegar a mis propias conclusiones, “piso más de un callo”; bueno, no tanto, pero suelo sentirme, no pocas veces, “aislado de dos orillas”.

Desde luego, tanto en España como en México –o en Grecia, Francia, Italia, Venezuela, Ecuador…– parece que los partidos están en las últimas, o por decirlo a la moderna y a la antigua, están en modo “cantos de cisne”.

Es importante señalar que en todos esos países hay jóvenes: en los europeos, predominan las “personas de edad” y muchos jóvenes son segundas o terceras generaciones con miedo a no tener expectativas; en los de acá, sin embargo, predominan los jóvenes y la falta de expectativas es más característica de “nosotros los viejos” –tengo 46–; cosas de las pirámides invertidas.

Es curioso que todos los jóvenes, de acá y de allá, en su mayoría, han nacido y crecido en democracias “de partidos”; incluso en México, las primeras elecciones –estatales– perdidas por el PRI, datan de los 80… del siglo XX.

Esos jóvenes, por tanto, con pocas expectativas, allá y acá, y esa falta de expectativas –o percepción de que faltan, que parece lo mismo pero no lo es– se están rebelando: contra el entorno, unos, pero otros contra el sistema, la sociedad, que no les da y, a su modo de ver, no los acepta: si no se integran del todo, no están representados… Ay, la política…

Vuelve a ser curioso que, según las zonas –geográficas y/o de influencia–, la moderna radicalización retoma los esquemas políticos tradicionales: en México, anti-PRI, por parte de quienes, en su mayoría, no lo conocieron… Y se cobijan o se acercan a grupos nuevos ¡formados por escisiones del PRI!

En Francia, por otro lado, vemos que emigrantes habitantes de los extrarradios, por su enojo contra el sistema, se acercan (se alejan), a radicalizaciones religiosas, como en el caso de los que se van a “crear” el aberrante “Estado Islámico”.

En España, ante el galopante paro, los hijos de quienes, en muchos casos por primera vez, pudieron ir a la universidad, viajar, comprar una casa –ser clase media, pues– se rebelan contra lo establecido y “compran” un concepto como el de “la casta”, en muchos casos, sin mayor análisis ni autocrítica… Vamos, que los que hace unos años se quejaron de la falta de expectativa que significaba “ser mileurista”, ahora se darían con un canto en los dientes, sin darse cuenta de que, entonces, la queja aludía a no poder cubrir cuestiones no primarias, casi siempre relacionadas con el ocio –viajes, cultura, etcétera–.

Mención aparte merece algo que he visto últimamente en redes, me imagino que debe ser tema en tertulias ultras: el padre de Pablo Iglesias y su militancia; saben que Podemos no me convence para nada, pero si quieren combatir a ese movimiento acusando al hijo de lo que hizo el padre, luego no se extrañen…

Mejor aquí hago un alto, concluyo la reflexión en general; para lo particular, o sea, sobre mí mismo, mejor me espero a la próxima semana…

@ignacio_martins

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