Viernes, 22 de septiembre de 2017

Reflexiones sobre una tragedia

Como muchos sabrán, el jueves pasado un camión de gas –una pipa, en mexicano– explotó mientras surtía a un hospital. El hospital era el Materno Infantil de Cuajimalpa, aquí, en el DF, en el oeste de la ciudad –aquí se le dice poniente–.

Cuatro muertes, cuando estoy escribiendo esto; cuatro muertes son muchas, hasta una, en una tragedia que, probablemente, no debería haber ocurrido. Sin embargo, no puedo dejar de señalar que, como ciudadano, supe enseguida que se reportó una fuga de gas –por eso había un camión de bomberos–, que se empezaron los protocolos y que mientras eso sucedía, explotó la pipa y ocurrió la tragedia… ¿Alguien olvidó cerrar la llave?, ¿había algo, instalación del hospital, camión, que no estaba en las mejores condiciones? No lo sé, ya se inició la investigación, lo mejor que podemos hacer los que no sabemos del tema es no hablar de más al respecto.

Poco después de que ocurriera el hecho, se trasladó a los heridos a hospitales –muchos, privados, uno en especial, el ABC, privado y con fama de carísimo, que puso sus instalaciones a disposición de afectados y donantes–; se formaron colas inmensas de gente que quería donar sangre, los vecinos ayudaron…

Y eso empezó a aparecer en las redes sociales; se retuiteaban las peticiones de donantes, se decía a dónde acudir; yo, desde el trabajo, sabía que con un retuit no aportaba ni medio granito de arena, pero por si acaso, lo hacía…

Pero también, enseguida, las críticas, la negligencia, las culpas –a la empresa de gas, a las autoridades–; las charlas sobre lo malos que son los políticos o sobre la falta de cultura de prevención, en una ciudad donde todos los septiembres se hacen macrosimulacros de evacuaciones por si vuelve a haber un temblor de tierra como el del 85; en un país que ha sufrido, desde ese año, no sé cuántos temblores de magnitudes que, en otros sitios, han provocado catástrofes dantescas y aquí no.

México, como España, tienen mucho que corregir, que mejorar; está en nosotros, sus ciudadanos, contribuir a ello; pero a mí, el día de la explosión en el hospital de Cuajimalpa, me dejó un nudo en la garganta por los pobres niños y madres, claro, pero también una comprobación de que México tiene un cierto orden, que muchas cosas funcionan, que hay capacidad de reacción y que se está en camino de algo, que a veces pienso que es una sociedad mejor y más justa y a veces no sé lo que es.

Y claro, también me dejó la certeza de que hay quienes criticarán siempre y destilarán amargura pase lo que pase…

@ignacio_martins

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