Viernes, 22 de septiembre de 2017

Je suis Charlie… et je ne suis pas Charlie; ça n´est pas la question

“La blasfemia pertenece al dominio de lo sagrado,
la libertad de expresión al de la razón”.
Marie Darrierussecq

Claro que no es la cuestión… Como no lo es ser del opus, o comunista clásico, neoliberal escuela de Chicago, o de Podemos…

No es la cuestión llevar hiyab o ponerse en top less, y lo equiparo porque no pocas mujeres que profesan el Islam lo equiparan: se molestan –creo que con razón– porque muchas mujeres “occidentales” –que las “defienden” con condescendencia–, son tan “esclavas” como ellas de ciertos cultos: al cuerpo, a lo “sexi”…

La cuestión, esa sí innegociable, es que haya una ley que proteja eso: llevar, ser, no llevar, no ser, creer, no creer, opinar, cambiar de opinión… Y esa ley debe sustentarse en un sistema que la lleve a cabo, porque la letra muerta también termina matando.

Por eso salió el domingo tanta gente, por eso tantos quisieron mostrar que hay valores supremos, o primigenios… Y si algunos solo fueron para salir en la foto, porque, en el fondo, no creen en la libertad (al menos en la de expresión), pues problema suyo.

Somos muchos los que hubiéramos preferido que los asesinos hubieran sido capturados, juzgados y condenados, por una ley lo más laica posible, es decir, lo menos talionesca posible… Pero, por supuesto, en vez de empezar con teorías conspiranoicas, simplemente aceptamos que la autoridad se ejerza…

A veces, esperar a que la ley haga lo suyo puede acabar con la paciencia… O puede doler, y mucho, como bien saben, por ejemplo, las víctimas de ETA que ven a los asesinos en la calle después de haber cumplido una condena que dichas víctimas siempre verán escasa, como tampoco verán con gusto que los asesinos tengan beneficios legales… Es lógico, como es cierto que esas leyes y esos beneficios nos hacen mejores a todos, como sociedad…

Aquí cabe pedir cuidado, también, con la condescendencia tramposa… He leído comentarios sobre lo ofensivas, racistas –y calificativos similares– que eran las caricaturas de Charlie Hebdo… Insisto, la ley: creemos que alguien dice o hace algo que ataca a otros, denunciemos; eso lo podemos hacer, castigar es lo que delegamos en el sistema, porque la “justicia por propia mano” no es justicia y sí involución. Yo, por ejemplo, creo que ese “derecho a ofender” es, casi siempre, poco inteligente, incluso lo considero amarillista y cobarde… Es lo que creo; puedo estar equivocado, pero prefiero seguir pensando que la razón –tenga forma de chiste o de pensamiento– nunca ofende del todo.

Eso sí, para que la ofensa o insulto llegue a delito, tiene que implicar un nivel de agresión. Por lo mismo, la blasfemia no puede serlo, porque la categoría de blasfemia nunca la podría dictar un estado laico.

Esta defensa de la razón –de razonar–, es la que nos hace mejores: mejores que los que matan por una idea o un credo, mejores que los que se creen en posesión de la verdad –que no, insisto, de la razón–. Porque si se creyeran en posesión de la razón no habría problema: discutirían intentando convencernos al resto, nos verían como oponentes, contrincantes… Sin embargo, quienes se creen dueños de una única verdad nos ven como blasfemos, herejes, apóstatas…

Entonces, porque lo único que tenemos es la razón –el razonamiento–, hoy, los que somos buenos –es decir, que nuestras maldades, si las hacemos, solo nos afectan a nosotros–, somos Charlie, y no lo somos… Como somos gais, lesbianas, negros, de color, amarillos, mujeres, cristianos de base, rojos sin partido, cristianos tradicionalistas, judíos, musulmanes… Y no…

Porque defendemos el derecho a ser uno, en sí y en el nosotros, el domingo, París volvió a ser la capital del mundo, al menos, de todos aquellos citoyens que, dolidos, nos dimos cuenta de que solo teníamos la razón, algo tan frágil que nos hace fuertes, yo diría que invencibles…

Allez, Paris; merci à tous!

@ignacio_martins

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